Las ordenanzas estéticas municipales

18/12/2020
Acualización: 07/09/2026


Los establecimientos comerciales han usado desde siempre rótulos distintivos para informar de su presencia y actividad. El comerciante se afana en convertir al transeúnte en cliente; para ello, sus letreros son una herramienta básica con la que llamar su atención. El conjunto de estos rótulos, como forma de expresión, aporta a la ciudad una cultura gráfica propia y una personalidad particular, conformando un patrimonio identitario muy valioso. El conjunto de estos rótulos, como forma de expresión, aporta a la ciudad una cultura gráfica propia y una personalidad particular, conformando un patrimonio identitario muy valioso.

Entre los excesos de Las Vegas y los defectos de Pyongyang existe un abanico paisajístico muy rico en matices. Cada ciudad debe encontrar su propio tono y sentirse orgullosa de lo que es, sin imitar forzadamente modelos ajenos. Claro está que, para alcanzar tal estadio, hay que comenzar por un ejercicio de autoconocimiento.

Tipografía popular urbana. Koldo Atxaga, 2007.


Es cierto que la proliferación desordenada de la rotulación comercial puede degradar el entorno, pero también lo hace el exceso de regulación. El sentido común debería primar sobre cualquier otro aspecto. La seguridad, el tamaño, la calidad en los materiales, el correcto mantenimiento y la retirada de los elementos en mal estado serían los primeros puntos a contemplar. Casi todas las ciudades han establecido una normativa al respecto. Ya en el siglo XVII, las autoridades de París tuvieron que poner coto a la abundancia de objetos (precursores de los rótulos actuales), cada vez más grandes, que los comerciantes colgaban en sus fachadas, amenazando la seguridad de los viandantes en días de viento y dificultando la iluminación nocturna de las calles, que se volvieron más peligrosas. En 1718, uno de estos emblemas en la londinense Fleet Street llegó a matar a dos mujeres a las que cayó encima, provocando la prohibición de este tipo de reclamos y la obligatoriedad de fijarlos a la fachada del edificio.


No fue hasta finales del siglo XX cuando las autoridades empezaron a incluir directrices estéticas en sus normativas, ante la abundancia de rótulos y publicidad provocada por el desmedido desarrollo comercial. Pero el criterio estético de las corporaciones municipales suele derivar en regulaciones que tienden en exceso hacia una uniformidad, que deriva en una triste despersonalización urbana. Los equipos urbanísticos están compuestos fundamentalmente por arquitectos para los que la ingente obra gráfica que surge del ingenio popular a través de centenares de diseñadores, rotulistas, artesanos y artistas espontáneos, carece de valor patrimonial.


En muchos municipios de nuestra islas se viene produciendo la degradación del paisaje urbano por la proliferación de rótulos, anuncios, publicidad, etc., a menudo ligada a la masificación turística. Eso ha llevado a algunos municipios a intentar una solución mediante la normativa al respecto, que viene publicándose a través de las llamadas ordenanzas municipales. Una normativa aplicada erróneamente, a nuestro entender, pues se deriva de una errónea visión y diagnóstico del problema. Es el caso de Tejeda, que en su normativa ha unificado estéticamente todos los rótulos comerciales, debiendo ser fabricados en acero corten, con los mismos colores e incluso la misma tipografía. Esto provoca una aburrida e impersonal uniformidad que resta interés gráfico al paisaje urbano de la población.


También Artenara, en Gran Canaria, ha decidido seguir la pauta. Mismos colores para todos, mismas tipografías, mismo soporte e incluso misma forma. El acero corten, con su vintage pátina de óxido, parece estar de moda.

En muchos centros comerciales se viene observando el mismo fenómeno, como las imágenes que se muestran, pertenecientes al Centro Comercial El Faro, en San Bartolomé de Tirajana.


Además de la pérdida de diversidad gráfica que supone para el patrimonio visual de estos lugares, el efecto disuasorio de unas ordenanzas tan restrictivas hace desistir a los pequeños comerciantes respecto a la originalidad de sus rótulos y soportes, algo desalentador para el futuro de diseñadores, rotulistas y artesanos, que ven reducidos sus encargos, en contraposición al boyante negocio que supone para unos pocos proveedores especializados. Dichas normativas han motivado la retirada en muchas ciudades de marquesinas, banderolas y estructuras de alto valor paisajístico.


Sirva como ejemplo definitivo la Ordenanza Estética de la Zona Industrial de Playa Honda, del Ayuntamiento de San Bartolomé en Lanzarote, es una clara muestra de esta tendencia a la homogeneidad global. Fue paradigmático el caso del establecimiento de la cadena de supermercados Hiperdino, la primera aplicación efectiva de esta normativa. El entonces alcalde de la localidad manifestó: «es importante que poco a poco recuperemos la estética de nuestros comercios y el valor que se da a la Isla, con nuestros colores, nuestros tonos y blancos«. ¿Cuál es oficialmente la estética que debemos recuperar en nuestros comercios? A nosotros particularmente nos produce tristeza contemplar la adaptación, y con ella la pérdida de su personalidad, del logotipo de Hiperdino a «nuestros tonos y blancos».


Es característica y sintomática la omisión del término «rótulo» en casi todas estas ordenanzas. En su lugar, se adopta la acepción de «publicidad», «muestra publicitaria» o «elementos de publicidad exterior», metiendo injustamente en el mismo saco a los carteles publicitarios y a los rótulos identificativos, que son la principal seña de identidad, aviso de presencia y localización de las empresas, especialmente en un polígono industrial. En ellos muestran los rasgos que les aportan personalidad y distinción: su logotipo, sus colores, su imagen corporativa. ¿Otorgaríamos al rótulo identificativo del Ayuntamiento el tratamiento de publicidad exterior? Es necesario regular el exceso de la publicidad y limitar su uso también en las fachadas de los edificios, pero quizás habría que empezar por concretar lo que debemos considerar bajo ese término.


Es por ello que las actuaciones municipales en la regulación estética del entorno urbano deberían incluir el punto de vista del mundo del diseño gráfico, único sector profesional que suele otorgar al rótulo la misma legitimidad que los edificios, los monumentos y el mobiliario urbano en su pertenencia al paisaje de la ciudad. Enric Satué, premio Nacional de Diseño en 1988, en su propuesta para la mejora del paisaje urbano barcelonés en 2001, recomienda como norma general tener en cuenta la ubicación, las características y colores dominantes del entorno, en especial a los del inmueble donde radica el comercio a rotular. Según él, elegancia, equilibrio, serenidad, coherencia, distinción y sobriedad son los factores ideales para una educada y cívica relación entre comerciantes, clientes y arquitectos municipales.

Se puede, en efecto, restringir por decreto la colocación de rótulos en la vía pública, pero, dentro de los límites establecidos, siempre se dará el fenómeno de la diversidad. No existe mejor manera de llamar la atención que diferenciándose del resto, de modo que la diversidad del conjunto es una consecuencia natural e incuestionable. Creemos que cualquier planificación tendente a la armonía y la mesura se desplomaría ante el empuje de una necesidad tan vital como esta. Es más, la mezcla de estilos, materiales y proporciones resultante constituye el principal encanto del “jardín” rotulístico.

Paisaje Comercial de la Ciudad, Enric Satué, Barcelona 2001


Es necesaria una normativa, no hay duda. Pero, en nuestro afán de querer regular algo tan intangible como la estética, igual nos estamos pasando tres pueblos… y un centro comercial.

Buscamos el mosaico perdido de la Imprenta Papelería Nivaria

26/08/2026

En la década de 1930, el propietario de la Imprenta Papelería Nivaria, Pedro Hernández Fernández, encargó un gran mosaico cerámico para la fachada del negocio, situado en la calle Imeldo Serís de Santa Cruz de Tenerife. El trabajo fue realizado de manera artesanal, en base a un diseño del propio Pedro Hernández, por Valencia Artística e Industrial en torno a 1934. Con una superficie aproximada de 8,5–9 m² estaba compuesto por tres paneles, en los que, además del nombre del negocio, se mostraba publicidad de la tinta Samas. El conjunto constituía una obra singular por su calidad artística y su factura artesanal, que dotó de extrema elegancia a la fachada del inmueble.

Fallecido Pedro Hernández, y ante la demolición del inmueble, su heredera María de la Paz Hernández Marrero decide donar el mosaico al Ayuntamiento para que sea preservado y expuesto en algún lugar público, dado su valor como elemento artístico e histórico. En septiembre del año 2000 se formaliza un acta de cesión, en la que constan como firmantes Miguel Zerolo Aguilar, alcalde, y José Eugenio de Zárate y Peraza de Ayala, secretario general. El documento establece expresamente que el Ayuntamiento acepta la cesión y asume la retirada de los elementos cedidos, comprometiéndose a custodiar su conservación. Los trabajos se ejecutan por la empresa Criterio Sociedad Cooperativa, bajo dirección de los técnicos municipales Ana María Zurita Expósito, arquitecta, y Antonio Arimany Cayol, arquitecto técnico. La cesión contempla un compromiso de futura exhibición «en un lugar estratégico» de la ciudad, debiendo constar expresamente el nombre de su creador, don Pedro Hernández Fernández.

El diario El Día recoge la noticia en su edición del 29 de septiembre de 2000, en la que se menciona asimismo que la cesión incluye la cornisa superior de la fachada en cantería tallada y las bases del balcón, ornatos que los servicios técnicos municipales señalan como «piezas válidas para la restauración del patrimonio».

Publicidad de la tinta Samas que sirvió de modelo para el mosaico. @ Todocleccion.net

Se ejecuta el desmontaje, con un coste estimado entre 1 y 1,5 millones de pesetas, utilizando una grúa para colocar las piezas sobre palés que se envolvieron en telas especiales para su traslado. El cargamento se traslada hasta los depósitos municipales y se le otorga un número de entrada en el Inventario Municipal de Bienes y Derechos y la descripción «MOSAICO DE AZULEJOS de la fachada del inmueble sito en la calle Imeldo Serís, 33 (Nivaria imprenta-papelería)«.

Insula Signa reactiva el caso

En 2005, ante la falta de noticias, Mª de la Paz Hernández intenta averiguar el paradero del mosaico. El Ayuntamiento le manifiesta «que no tiene constancia de la donación» y apunta que el mosaico podría estar “en uno de sus depósitos”, sin indicar cuál. El 20 de febrero de ese mismo año, el diario La Opinión de Tenerife publica el reportaje “Los donantes del mosaico de la antigua imprenta Nivaria ignoran su paradero.” Es el primer indicio público de pérdida de control administrativo. El destino del mosaico queda completamente difuso.

Insula Signa, en el marco de sus investigaciones sobre patrimonio gráfico canario, retoma el caso del mosaico desaparecido de Nivaria en julio de 2025. Recopilamos fotografías, noticias de prensa, referencias bibliográficas y testimonios y presentamos una solicitud de acceso a información pública ante el Ayuntamiento de Santa Cruz, en la que solicita su ubicación actual y estado de conservación, una copia del acta de cesión y cualquier información sobre su conservación o traslado.

En el mes de agosto, ante la falta de respuesta suficiente del Ayuntamiento, presentamos reclamación ante el Comisionado de Transparencia de Canarias, que dicta resolución parcialmente estimatoria e insta al Ayuntamiento a proporcionar la información solicitada. Así, obtenemos finalmente respuesta del Servicio de Patrimonio, que emite un informe en el que confirma que el mosaico figura inventariado con el número 9913, pero que tras realizar una búsqueda física, no se encuentra en las instalaciones del depósito municipal. Por otro lado, el Organismo Autónomo de Cultura responde con un informe en el que manifiesta no tener expediente, ni adscripción del mosaico, ni información sobre ubicación o estado. En definitiva, ambos organismos afirman que no existen expedientes ni documentación sobre uso o destino del mosaico.

Recreación digital del mosaico. @ Moisés del Pino 2021.

En junio de 2026, contactamos con María de la Paz Hernández Marrero, heredera y donante del mosaico, que nos traslada su malestar por la desaparición del mosaico y su lógica y profunda decepción con el Ayuntamiento. Mari Paz conserva su copia del acta de cesión original (28/09/2000), lo que permite verificar documentalmente su existencia, el contenido de sus cláusulas y las obligaciones asumidas por el Ayuntamiento.

Una de nuestras líneas de investigación apunta a que el mosaico pudiera haber sido trasladado desde el depósito original a otra dependencia municipal, sin expediente formal que dejara constancia. Entre las posibles ubicaciones destaca el Edificio Ireneo, que alberga dependencias municipales y para el que hay un proyecto conjunto del Ayuntamiento y el Cabildo -actualmente parado- para la posible ubicación de un futuro Museo de Artes Decorativas. En julio presentamos de nuevo, a través del Portal de Transparencia, consulta dirigida tanto al Ayuntamiento como a la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, cuya sede se encuentra en el citado Edificio Ireneo, solicitando información sobre la posible ubicación del mosaico en sus dependencias. El mismo día, la Real Academia Canaria de Bellas Artes responde a la solicitud través de su secretaria administrativa, manifestando que no tienen información ni conocimiento alguno sobre el paradero del dicho mosaico, no constándoles su depósito, al menos en lo que a las dependencias de la Academia se refiere. A fecha de hoy, agosto de 2026, seguimos esperando la respuesta del Ayuntamiento respecto a nuestra nueva consulta.

Un patrimonio que no puede desaparecer

Veinticinco años después de aquella donación, el mosaico de la Imprenta Papelería Nivaria sigue sin aparecer. Un bien que fue entregado voluntariamente a la ciudad para su conservación, que fue recibido por el Ayuntamiento, retirado por encargo municipal e incorporado al Inventario Municipal de Bienes y Derechos con el número 9913, se encuentra hoy en paradero desconocido.

Lo más preocupante no es únicamente que no sepamos dónde está. Es que la propia Administración reconoce no disponer de documentación que permita reconstruir su trazabilidad, ni siquiera determinar cuándo, cómo o por qué dejó de estar localizado. Para Insula Signa, esta situación resulta profundamente preocupante e incompatible con la responsabilidad que las instituciones públicas deben asumir en la custodia y conservación de nuestro patrimonio.

Pero el caso no está cerrado. Seguimos investigando y seguimos buscando. Por eso hacemos un llamamiento a todas aquellas personas que puedan aportar información. ¿Trabajaste en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife? ¿Participaste de alguna manera en el desmontaje, traslado o custodia del mosaico? ¿Conoces el antiguo depósito municipal o alguno de los espacios donde pudieron almacenarse bienes patrimoniales? ¿Has oído hablar del mosaico, recuerdas haberlo visto después de su retirada o dispones de fotografías, documentos o cualquier otro indicio que pueda ayudarnos? Cualquier información, por pequeña que parezca, puede ser importante.

Queremos encontrar el mosaico. Queremos saber qué ocurrió con él. Y queremos que este elemento singular de la memoria y del patrimonio gráfico de Santa Cruz de Tenerife vuelva a ser conocido, conservado y valorado. Si tienes alguna pista, contáctanos. Garantizamos el máximo respeto y discreción a las personas que decidan compartir información con nosotros.

Ayúdanos a recuperar el mosaico de Nivaria.

Vestigios de nomenclatura urbana

14/08/2026

En algunas calles de Canarias sobreviven unas pequeñas marcas que pueden pasar desapercibidas. Una letra, a veces acompañada de un número, aparece todavía sobre la fachada de una casa, junto a una placa de calle o en una antigua edificación. Son restos aparentemente insignificantes, pero detrás de ellos se esconde una parte de nuestra historia: hubo un tiempo en que algunas calles no tenían todavía un nombre, y eran identificadas mediante letras.

La utilización de letras para identificar calles parece estar relacionada, en buena parte de los casos, con procesos de urbanización, parcelación y crecimiento de los núcleos urbanos. Cuando se proyectaba una nueva trama de calles, las vías podían aparecer identificadas en planos y documentos como calle A, calle B, calle C… Una solución sencilla y funcional mientras se desarrollaba la urbanización y se establecía una nomenclatura definitiva. En algunos lugares aquellas denominaciones provisionales llegaron a utilizarse durante años. En otros, incluso terminaron incorporándose al uso cotidiano y administrativo.

Un caso perfectamente documentado es el barrio de La Atalaya, en Santa María de Guía. Durante años sus calles fueron conocidas como A, B, C, D, E, F, G, etc. No fue hasta el pleno municipal del 27 de abril de 1962 cuando el Ayuntamiento acordó sustituir aquellas denominaciones por nombres propios. El acuerdo explicaba que se trataba de calles «denominadas por simples letras». La transformación no fue meramente administrativa. La antigua calle A pasó a llamarse Luján Pérez; la C, Dolores Roque; y otras adoptaron nombres de personajes, lugares y países. La letra desaparecía del callejero, pero durante décadas permanecieron sus huellas.

Fotografías tomadas en Ingenio (Gran Canaria)

Cuando la letra queda en la pared

No podemos afirmar todavía que todas estas letras correspondan exactamente a antiguas denominaciones de calles. Algunas podrían identificar parcelas, bloques, fases de urbanización u otras unidades administrativas. Precisamente por eso constituyen un interesante campo de investigación. Lo que sí resulta evidente es que son marcas producidas por procesos anteriores de organización del espacio urbano y que han sobrevivido a los cambios posteriores.

En Las Palmas de Gran Canaria encontramos otro vestigio particularmente singular: una antigua placa con la letra Y, situada en una fachada del tejido histórico de la ciudad. Existen pruebas documentales de que las denominaciones alfabéticas fueron utilizadas en procesos de urbanización de la capital. Así, las letras no eran únicamente una forma informal de referirse a determinados lugares: llegaron a formar parte de la documentación administrativa y registral de la ciudad.

Las Palmas de Gran Canaria

Una placa desaparece cuando cambia el nombre de una calle. Pero en ocasiones queda una huella: una letra pintada, una pieza cerámica, una inscripción en relieve o una marca sobre la fachada. Son pequeños palimpsestos urbanos: sobre la ciudad actual todavía puede leerse, si sabemos dónde mirar, algo de la ciudad que existió antes.

Para Insula Signa, estos vestigios forman parte del patrimonio gráfico porque son manifestaciones materiales de la cultura visual y administrativa de la vida cotidiana. No fueron concebidos como obras artísticas ni como elementos patrimoniales. Su función era puramente práctica. Por ello resultan especialmente valiosos para reconstruir la historia ordinaria de nuestros pueblos y ciudades.

Rescate en Gran Canaria: Heladería La Unión

22/07/2026

El recuerdo de la Heladería La Unión, tras 30 años abierta en la avenida del mismo nombre en Vecindario, va a permanecer en la memoria de varias generaciones. Pero también va a permanecer su rótulo, gracias a que sus propietarios Antonia Rodríguez y Antonio Montedesoca lo han donado a Insula Signa. Lo cuidaremos como parte del patrimonio gráfico local, esperando que algún día no muy lejano pueda ser expuesto en un lugar adecuado.

El negocio inició su andadura con una carta de helados de seis sabores, hasta acabar ofreciendo hasta 48 variedades, todas elaboradas con fruta fresca y productos naturales. La producción artesanal fue el factor que diferenció a La Unión de otros establecimientos de la competenciaque optaban por bases industriales.

La heladería artesanal La Unión cerró definitivamente sus puertas el 28 de junio de 2026, poniendo fin a una etapa que comenzó en 1998, cuando la avenida La Unión aún estaba sin asfaltar. 

Gracias a Raúl Martín Almeida y Monica Marc por haber posibilitado este rescate.

Campaña nacional para la protección de los murales de Nitrato de Chile

21/07/2026

Durante décadas, los murales cerámicos publicitarios de Nitrato de Chile han formado parte del paisaje cotidiano de cientos de localidades españolas. Hoy, muchos de ellos han desaparecido y los que aún permanecen están en riesgo de desaparición, pues se se enfrentan al paso del tiempo, al abandono de los edificios que los albergan y a las transformaciones urbanísticas. Con algo más de un centenar de ejemplares conservados y una distribución que abarca buena parte del territorio nacional, constituyen probablemente el conjunto más extenso de publicidad cerámica histórica conservado en España. Su interés no reside únicamente en la calidad artística de cada mural, sino en la excepcional conservación de un fenómeno publicitario de alcance internacional que ha llegado hasta nuestros días integrado en la arquitectura y en el paisaje cultural de numerosas localidades.

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