Por Jaime Medina
Los murales publicitarios de Nitrato de Chile constituyen uno de los conjuntos más singulares del patrimonio gráfico español del siglo XX. Distribuidos por numerosos municipios, estos paneles cerámicos forman parte del paisaje urbano y de la memoria colectiva de varias generaciones. Actualmente se conserva poco más de un centenar de ellos en España, muchos en situación de vulnerabilidad o riesgo de desaparición. Insula Signa impulsa actualmente una campaña orientada a promover su reconocimiento y protección como patrimonio cultural.
La explotación de las minas de nitrato de sodio convirtió a Chile en el principal exportador de este mineral desde mediados del siglo XIX. Usado tanto para la fabricación de pólvora como fertilizante agrícola, su producción y exportación a Europa fue creciendo hasta monopolizar el mercado mundial a principios del siglo XX. La irrupción hacia 1918 del salitre sintético industrial procedente de procesos industriales desencadenó una crisis que amenazó gravemente la economía chilena. Por este motivo, la Asociación de Productores Salitreros, que agrupaba al Gobierno de Chile y los empresarios del salitre, comenzaron a publicitar las virtudes del Nitrato en los países receptores de todo el mundo, entre ellos España.
La extrategia pasó por una campaña publicitaria internacional bien organizada, con criterios modernos, que se desarrolló en diferentes soportes, como calendarios, llaveros, banderines, etc. La colección de carteles realizados en todo el mundo constituye por sí sola un episodio singular en la historia del cartelismo, e incluye ejemplares de gran calidad plástica, como los creados en Turquía, Francia, Polonia o Argentina. El cartel español fue uno de los más exitosos de la campaña. Entre las décadas de 1930 y 1970, el anuncio se difundió ampliamente en numerosas poblaciones de España y Portugal. Aunque se utilizaron varios soportes, el más extendido fue el del mosaico de azulejos esmaltados, material que ha permitido la supervivencia de numerosas piezas. Los paneles, de diferentes tamaños, se confeccionaron en la fábrica de Ramón Castelló, ubicada en Valencia. Su calidad técnica, su cuidada ejecución y su extraordinaria difusión territorial los convierten hoy en un conjunto patrimonial de gran interés histórico, artístico, industrial y social.
Tradicionalmente, el diseño del mural se ha atribuido al ilustrador Adolfo López-Durán Lozano. Hacia 1929, fecha en la que supuestamente se encargó el cartel, Adolfo era estudiante de arquitectura en Madrid. Posteriormente desarrolló una exitosa carrera que le llevó a ocupar la primera cátedra de Dibujo de Formas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. En 1973 fue designado para fundar la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Las Palmas, de la que fue el primer director durante los dos años necesarios para su puesta en marcha.

Sin embargo, las evidencias recopiladas hasta ahora en la investigación que estamos desarrollando en Insula Signa apuntan a una posible participación relevante del artista de origen polaco Mariano Rawicz, que realizaba trabajos para Artes Gráficas Faure, empresa madrileña que recogía algunos encargos publicitarios del Nitrato de Chile. Rawicz fue un tipógrafo y diseñador gráfico que desarrolló su actividad en España a partir de 1930, conocido por su influencia en el diseño de cubiertas de libros durante los años anteriores a la Guerra Civil española. Junto a su compatriota Mauricio Amster, Rawicz renovó el mundo del diseño gráfico editorial, incorporando avances estéticos vanguardistas. También realizó numerosos carteles para el Ministerio de Propaganda de la II República, por lo que al finalizar la guerra fue apresado y condenado a cadena perpetua. En 1946 logró la excarcelación y se exilió en Chile, donde impartió clases de tipografía en la Escuela de Diseño de la Universidad Católica de Chile hasta su muerte. Algunas fuentes sugieren que Mariano recogió y adaptó la idea, boceto o similar de Adolfo y lo adecuó al arte final usado en los murales cerámicos.
La obra está emparentada con otra de George Massiot para las bodegas Sandeman: la poderosa silueta negra del hombre de la capa sobre fondo amarillo. Ambas son de estilo Art Dèco, vigente en la época. También las letras son semejantes, hechas a mano pero con intención tipográfica, en la línea de la hoy patentada como Typeface Six. En el caso de Nitrato de Chile, la silueta de hombre y caballo ofrece un interesante juego visual: es imposible distinguir si se acerca o se aleja del punto de vista del espectador. A dichas siluetas de Nitrato de Chile y de Sandeman, convertidas en reconocibles iconos, habría que sumar una tercera no menos famosa: el toro de Osborne.

Tras varios años de trabajo, hemos localizado y documentado cerca de un centenar de murales conservados en España, confirmando que nos encontramos ante uno de los conjuntos de patrimonio gráfico más extensos y singulares del siglo XX, cuyo reconocimiento y protección resultan hoy más necesarios que nunca. También hemos conseguido recuperar y restaurar el único mural que se conserva en la isla de Gran Canaria, que se mantuvo oculto durante décadas bajo capas de pintura.
Con el objetivo de garantizar su conservación para las generaciones futuras, Insula Signa ha puesto en marcha una campaña nacional destinada a promover su reconocimiento y protección como Bien de Interés Cultural (BIC) en las comunidades autónomas donde aún se conservan ejemplares.









