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Rescate del rótulo de Heladería La Unión

El recuerdo de la Heladería La Unión, tras 30 años abierta en la avenida del mismo nombre en Vecindario, va a permanecer en la memoria de varias generaciones. Pero también va a permanecer su rótulo, gracias a que sus propietarios Antonia Rodríguez y Antonio Montedesoca lo han donado a Insula Signa. Lo cuidaremos como parte del patrimonio gráfico local, esperando que algún día no muy lejano pueda ser expuesto en un lugar adecuado.

El negocio inició su andadura con una carta de helados de seis sabores, hasta acabar ofreciendo hasta 48 variedades, todas elaboradas con fruta fresca y productos naturales. La producción artesanal fue el factor que diferenció a La Unión de otros establecimientos de la competenciaque optaban por bases industriales.

La heladería artesanal La Unión cerró definitivamente sus puertas el 28 de junio de 2026, poniendo fin a una etapa que comenzó en 1998, cuando la avenida La Unión aún estaba sin asfaltar. 

Gracias a Raúl Martín Almeida y Monica Marc por haber posibilitado este rescate.

Rescate en La Laguna: Casa Peter

Desde Insula Signa abordamos con sentimientos encontrados el rescate del rótulo histórico de Casa Peter, uno de los establecimientos más queridos y reconocibles de La Laguna. Tristeza, porque su cierre se suma al ritmo creciente de desaparición de comercios emblemáticos que han dado forma a nuestra vida cotidiana durante décadas. Alegría, porque su rótulo no se pierde: se conserva, se cuida y pasa a ser testimonio material de la memoria colectiva de la ciudad.

Cada rótulo rescatado no es solo un objeto gráfico. Es una historia compartida, un punto de encuentro, una huella de la ciudad vivida.
Gracias a Pastor y Loly, a Régulo Hernández y a Insula Signa, su rótulo formará parte del patrimonio común. Casa Peter seguirá estando presente, aunque ya no huela a salsa ni suenen las conversaciones tras la barra. La ciudad cambia; la memoria, si se protege, permanece.



Larsen se hizo muy popular en
la sociedad de la época con su carrito, que solía colocar en el entorno de la calle Sagasta y el Hotel
Cristina, en Las Canteras, donde
confluían en aquella época distintos locales de ocio.

El danés J. Peter Larsen, que hablaba muy bien el español por sus años en Argentina, llegó a Gran Canaria en la década de los años 60 en viaje turístico y decidió quedarse. Trabajó en Casa Ricardo, establecimiento de un compatriota pionero en la venta de perritos en la isla. Poco tiempo después se hizo muy popular con su carrito de perrritos calientes, que solía colocar en el entorno de la calle Sagasta y el Hotel
Cristina, en Las Canteras, donde confluían distintos locales de ocio. Allí conoció a su esposa Lis y surgió la idea de instalarse en La Laguna al considerar que la presencia universitaria ofrecía una oportunidad para abrir un negocio de hostelería. Casa Peter fue fundada en 1968 e introdujo los perritos calientes en Tenerife cuando aún eran una rareza. Su éxito, además de una salchicha roja imitada por el resto de locales, fueron sus salsas, especialmente la salsa Universal. También su famoso perro pequeño, una versión más adaptada al gusto de sus clientes, que al principio quedaron sorprendidos al ver una salchicha sobresaliendo del pan. El primer perrito se vendió al precio de 12 pesetas, mientras el pequeño costaba solo 7. Peter mantuvo una estrecha relación con la gastronomía y costumbres locales. Además de su vida en el negocio, obtuvo el título de piloto de aviación y dedicó muchos años al motociclismo, realizando rutas internacionales en Harley Davidson, hasta su fallecimiento en febrero de 2017.

Tras una primera etapa en la zona de La Milagrosa y un posterior traslado a la calle San Agustín, hubo un intento de expansión a Santa Cruz de Tenerife, con la apertura de un local en la Calle Ramón y Cajal, que funcionó hasta que la reorganización del transporte en la zona redujo el tránsito de clientes. El negocio se estableció definitivamente en la calle Núñez de la Peña, donde permaneció aproximadamente cuatro décadas. Tras la jubilación de Peter en 1994, el negocio fue continuado por el sueco Bent Erik Nordstrom, conocido como Pastor, y María Dolores Izquierdo, conocida como Loly, que mantuvieron la actividad hasta su cierre en enero de 2026. Pastor se había establecido en la isla tras colaborar en los locales de Casa Peter en la calle San Agustín y en Santa Cruz de Tenerife.

Peter mantuvo una estrecha relación con la gastronomía y costumbres locales. Además de su vida en el negocio, su otra gran pasión eran las motos, que compartía con Peter. Entre los dos hicieron más de medio millón de kilómetros por todo el mundo, en Harley Davidson y juntándose con otros motoristas de todo el mundo.

El rótulo responde a una estética funcional propia de la rotulación comercial de finales del siglo XX, con una composición clara y directa: el nombre CASA PETER aparece integrado en una silueta de vivienda, reforzando la idea de cercanía y “comida casera”. Tiene el valor añadido de haber sido diseñado y confeccionado por Pastor, su último propietario.

Discos Noda

Los rótulos de las tiendas de Discos Noda formaron parte del paisaje urbano de muchas poblaciones y de la memoria colectiva de varias generaciones. La histórica cadena de establecimientos fue referente de la comercialización musical en Canarias entre finales del siglo XX y comienzos del XXI, asociado al auge del cassette, del vinilo y posteriormente del CD. Fundada por Juan Ramón Santana Noda, llegó a convertirse en una de las mayores redes de tiendas de música del Archipiélago.

Juan Ramón Santana Noda empezó a trabajar de panadero con 13 años. A los 16 ya se ganaba muy bien la vida en un taller mecánico, pero un problema de espalda le obligó a dejarlo. En 1977, con 21 años, empezó a vender en los mercadillos de Gran Canaria (Teror, Vecindario, Ingenio, San Fernando…), acompañado en ocasiones por su hermano menor. Vendía mercancía que traía directamente desde las fábricas en la península: porcelana, juguetes, bisutería, etc. Llegó a gestionar hasta 8 puestos en un mismo mercadillo, empleando a familiares y allegados, hasta que decide especializarse en la venta de cassettes, producto con gran demanda y más fácil de gestionar.

Juan Ramón, a la izquierda, con 21 años en el mercadillo de Teror. © Juan Santana Noda.

En 1989 abrió la primera tienda Discos Noda, en Telde. Pronto le siguieron otras en Las Palmas de GC, en Vecindario, Maspalomas y Gáldar. En 1996 da el salto a Tenerife, convirtiéndose en la mayor competencia de otra famosa cadena, Discos Manzana. En total, llegaron a existir más de treinta tiendas, 22 de las cuales estuvieron abiertas simultáneamente. Discos Noda amplió sus actividades con la producción y grabación musical, mediante el sello Noda, con notables éxitos de artistas como la Orquesta Armonía, Los Bajip de La Gomera, Pepe Tacoronte, Los Tamarindos y muchos otros. Gracias a la acertada estrategia publicitaria, contratando publicidad en prensa, radio y televisión, crecieron de manera muy rápida, llegando a imprimir 500.000 ejemplares de su catálogo.


Miembros de Insula Signa y Juan Ramón, a la derecha, junto al rótulo cedido. Enero de 2026.



Juan Ramón Santana tuvo la generosidad de donar a Insula Signa uno de los rótulos que todavía conservaba. Concretamente, el correspondiente al de la tienda del Centro Comercial Las Arenas, en Las Palmas de GC, uno de los primeros estblecimientos de la cadena. Este hecho posibilitará que dicho rótulo pase a formar parte del patrimonio gráfico canario, como elemento representativo de una aventura emprendedora sin precedentes. En el acto de entrega, el 17-01-2026, no pudimos dejar pasar la oportunidad de hacer a Juan Ramón algunas preguntas:

¿Cómo empezó la singladura de Discos Noda?

En 1989 abrí la primera tienda en la calle Barbería de Telde. Para su nombre, elegí el primer apellido de mi madre, procedente de Lanzarote, poco común en Canarias. A este primer establecimiento le siguieron otros: un segundo en Telde; en 1991 en la calle Rafael Cabrera en Las Palmas de GC; en 1993 en el Centro Comercial Las Arenas, y en septiembre de 1994, en Vecindario. La cadena siguió expandiéndose con nuevas tiendas en Maspalomas y Gáldar. En 1996 di el salto a Tenerife, con mi cuñado como socio. Adquirimos varios establecimientos, entre ellos los dos que tenía Fresi Disco.

¿Dónde compraba la música que después vendía en sus tiendas?

Por medio mundo: Argentina, Japón, la Feria MIDEM (Marché International du Disque et de l’Édition Musicale), un mercado global para la industria discográfica y musical que se celebraba anualmente en Cannes… Vendíamos estrenos musicales en Canarias antes de que llegaran a la península. Yo mismo gestionaba los despachos de aduanas, en una época en que todo resultaba más sencillo y rápido. En una ocasión llegué a comprar en Miami 1.500 discos de un estreno de Gloria Estefan un sábado y tenerlos en mis tiendas el lunes a primera hora. El martes ya los había vendido todos.

¿También compraban en Miami?

Los americanos quisieron hacer un MIDEM latino. Aunque lo intentaron por todo lo alto, con compañías de primer nivel como EMI, Sony o Virgin, que llevaban allí a sus mejores artistas, no acabó de funcionar. En Miami estuve comprando desde 1997 a 1999 sobre todo a un mayorista cubano llamado Reyes que llevaba 40 años en el negocio de la música. Trabamos amistad y cuando salíamos de la feria, nos íbamos de juerga toda la noche.

¿Cómo recuerda su experiencia americana?

Tengo muy buenos recuerdos. En agosto de 1998, en el Convention Center de Miami Beach, vi actuar a Compay Segundo, el primer músico cubano que rompía el fuego en el MIDEM latino, actuando sólo para periodistas e invitados de la industria discográfica, a pesar de los problemas que tuvo para obtener su visado. Hubo incluso una amenaza de bomba que obligó a desalojar momentáneamente el recinto. En otra ocasión, asistí a un concierto conjunto de Víctor Manuel y Ana Belén.

¿Cuando decidió abrir una tienda en Vecindario?

Yo ya conocía el sureste, por haber frecuentado el mercadillo de San Rafael. La de Vecindario fue nuestra cuarta tienda, tras las de Telde y Las Palmas. Fue todo un éxito; estábamos en plena en el nº 328 de la Avda. de Canarias, un local que pronto ampliamos con un almacén en la conocida como casa de Antonio el Guardia en la calle Los Sabandeños. Ahí llegaron a trabajar hasta diecisiete personas. Posteriormente abrimos otra en el Centro Comercial La Ciel y también en el Centro Comercial Atlántico.

¿Cuáles son los mayores éxitos de ventas que recuerda?

Recuerdo los temas “Y si esto no es una Isa”, del Trío Acaymo, que alcanzó el medio millón de ejemplares vendidos, o “Mi linda señorita” de Los Bajip de la Gomera, que también vendió muchísimo. Asimismo, eran superventas seguros los discos de Gloria Stephan o los recopilatorios Max Mix que editaba la compañía catalana Max Music . 

Hubo un tiempo en que se decía: “si no está en Discos Noda, ni lo busques”.

Así es. Yo siempre me preocupé por tener un catálogo lo más extenso posible. Si, por ejemplo, un disco dejaba de tener éxito en España, su venta disminuía y su distribución cesaba al poco tiempo. Yo lo buscaba y lo traía desde otros países donde continuaba vendiéndose con éxito, como Japón, por ejemplo. 

¿Qué provocó el cierre de las tiendas y el fin de la cadena Discos Noda?

La evolución de la industria musical. Recuerdo cuando empezaron a llegar los CD, no sabíamos ni abrir la cajita. Con la llegada de internet y la adopción del formato digita, la música dejó de necesitar un soporte físico. La irrupción del MP3 y la piratería digital rompieron el vínculo entre escuchar y comprar discos, vaciando de sentido económico a las tiendas tradicionales.





Durante décadas, Discos Noda fue tienda y punto de encuentro: un espacio donde la música popular tenía rostro, conversación y criterio. Con el cambio de modelo y la llegada posterior del streaming, ese ecosistema desapareció. En 2017, al bajar la persiana de última tienda de Discos Noda, en la calle Suárez Guerra de Santa Cruz de Tenerife, no solo se perdió un comercio, sino una forma de vivir la música en la calle.

Rescate en Santa Cruz de la Palma: Casa Fidio

El casco histórico de Santa Cruz de La Palma ha sido testigo los últimos sesenta años de la historia de Casa Fidio, uno de los comercios cercanos que con tanto cariño recuerdan los vecinos de la Calle Real, ubicado en la Casa Cáceres, un inmueble del siglo XIX, de influencia portuguesa y protegido como Conjunto Histórico-Artístico. La librería-papelería fue fundada por Fidio López Hernández (1935 – 2016), librero que inculcó a sus tres hijas (María José, María Beatriz y Rosa María) la pasión y el interés por la lectura. Las herederas pusieron fin a la andadura del negocio familiar en agosto de 2025, tras alimentar de letras y cultura la capital palmera desde 1967.

La primera actividad comercial en la Casa Cáceres fue un «gabinete de lectura» que en 1906 abrió al público el indiano Julián Fernández García, junto con su hermano Juan Fernández García. Ambos habían sido promotores de la Librería, Papelería y Centro de Suscripciones La Favorita, abierta en 1897 en su residencia familiar de la calle Garachico de Santa Cruz de La Palma, establecimiento que cerró sus puertas en 2017 con las marcas de librería decana de La Palma y una de las más antiguas de Canarias. En otro ámbito completamente diferente, en 1908 el doctor Manuel Fernández de la Cruz ya había presentado al público en este mismo domicilio su consulta como odontólogo, beneficiándose de su condición de hijo del matrimonio propietario del edificio desde 1884. En una fecha indeterminada, Agustín Veloco instaló aquí su tienda de mercería, que cerró en 1908 y en 1940, el vecino natural de la villa de Mazo Juan Marante Hernández abrió en la Casa Cáceres una «venta de calzado nacional al por menor».


Fidio López, Nolasco Sicilia y Jaime Sicilia, década de 1970 | Adolfo Ayut, Colección de la Familia López Rodríguez.

Fidio López fue dependiente de la casa antecesora más inmediata en su ramo, la Librería Cervantes, abierta en 1944 como estanco y centro de suscripciones en el nº 4 de la calle Pérez de Brito, propiedad de la familia Yanes. Cuando se formalizó la apertura, quien figuraba como solicitante era Carlos Yanes Carrillo; sin embargo, quien dirigió el negocio de facto fue su esposa, Ángeles Iglesias Orive, nacida en Las Palmas de Gran Canaria, que hubo de obtener la correspondiente autorización conyugal. Mujer refinada, elegante, culta y avanzada a su tiempo, su nombre como emprendedora, como en tantos otros ejemplos, quedó anulado en la documentación oficial, aun siendo, como fue, la auténtica alma mater del proyecto. La sucedió su hija María Victoria Yanes Iglesias, con licencia para ejercer la actividad de librería, papelería y objetos de escritorios, ampliada desde 1987 a juguetería.

Aunque en las décadas de 1940-1960, Venezuela constituye uno de los principales destinos de la emigración canaria de postguerra, Fidio López se aventuró a Guatemala. De vuelta de su periplo indiano, comienza una fructífera etapa como autónomo en la librería. Por entonces, entre los establecimientos domiciliados en el mismo nº 4 de la calle O’Daly se encontraban el estudio fotográfico Nolo y la peluquería Deny. En asociación con Javier Cobiella Cuevas, retoma el estudio fotográfico en la primavera de 1967, anunciándose como Fotografía: Estudio y Laboratorio. Algunas semanas después, el establecimiento se anuncia con el nombre de Casa Fidio. La elección del sustantivo casa para dar nombre a la empresa dota a esta de una connotación cercana, que permite relacionar la actividad comercial con lo emocional. Ello facilita la captación de vínculos afectivos con el cliente, un modelo ya empleado por otros comercios de la ciudad. Pronto, al tráfico de periódicos, revistas y material para despachos y centros educativos, Casa Fidio se introduce en el comercio de los «timbres de ingresos, de impuesto, nacional o fiscal» y sellos postales, lo que contribuirá a incrementar su prestigio. En 1986 el empresario solicita tres nuevas licencias para la copia de documentos, para la reparación de calzado y para la fabricación de llaves.

Anuncio en Diario de Avisos, 31 de marzo de 1967.


Fidio fue siempre fiel a una imagen corporativa cuyos orígenes se sitúan hacia 1992-1993. A raíz de la entrada en vigor del Anexo Informativo de Protección Artística del Casco de Santa Cruz de La Palma, aprobado por la Corporación Municipal en 1990, se prohibieron los anuncios luminosos, por lo que la empresa hubo de modificar su señalética. Eliminó los antiguos rótulos de plástico y neón y, en su lugar, en el antepecho de la ventana situada sobre la entrada septentrional, instaló un novedoso cartel con diseño del propio Fidio López, según testimonios familiares, y elaborado por el alumnado del ciclo superior de la especialidad de forja artística impartido en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Santa Cruz de La Palma (hoy Escuela de Arte Manolo Blahnik) del curso 1992-1993.

Así, bajo la dirección del profesor Isidro de la Cruz Lorenzo,los alumnos Gregorio García Pérez, Pedro Julio Reyes Brito, José Juan González Rodríguez y Ramón A. Machín Hernández realizaron un panel en bronce con las letras superpuestas en negro. Según Raquel Concepción Sánchez, profesora de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria, estamos ante una «tipografía geométrica, minimalista y tecnológica, influenciada por el diseño industrial y la estética futurista típica de las décadas de 1970-1980, singularizado por el empleo de líneas paralelas, ángulos rectos y el diseño de letras condensadas, especialmente en los ámbitos de la señalética, la electrónica, la papelería y los logotipos corporativos«. Si bien la secuencia Librería Papelería, en mayúsculas, cursivas y sin serifas, se puede emparentar con la Helvetica Condensed, Univers o similares, en el enunciado Fidio, también en mayúsculas, cursivas y desprovisto de adornos, de trazos rectos, paralelos y alargados, próximos al estilo techno de máquinas industriales, las letras están modificadas; se nota especialmente en la barra superior, que las unifica visualmente para crear un estilo de logo-tipografía.

Primer rescate de Insula Signa en La Palma

La familia de Fidio, conocedora de nuestra labor en la protección del patrimonio gráfico canario, decidió donar generosamente el rótulo a Insula Signa, preservando así el legado y la historia de Fidio, la memoria de la librería, y un pedacito de diseño (de casi 40 kg) del siglo pasado. Estamos muy contentos asimismo por cerrar el círculo y ceder el rótulo a la Escuela de Arte Manolo Blahnik para que lo restauren, cuiden y expongan en sus dependencias, propiciando de esta manera que siga inspirando a estudiantes y visitantes en el mismo lugar en que fue creado. Esto supone, además el inicio de lo que puede ser una fructífera colaboración entre la Escuela y nuestra asociación.

Agradecemos la colaboración de @grandolaimago, @mh_peludo, el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma y la ayuda de todos/as quienes hicieron posible este rescate.


Fuentes:

58 años de servicio al cliente: la Librería y Papelería Fidio (Santa Cruz de La Palma, 1967-2025) cierra sus puertas.
Víctor J. Hernández Correa. Santa Cruz de La Palma, 26-07-2025.

Esto no ha sido una empresa, ha sido una familia. Casa Fidio cierra tras casi 60 años leyendo a una ciudad.
El Time, 24-07-2025

«Rescatan» el histórico rótulo de Casa Fidio: un pedazo de la memoria de la Calle Real que se preserva.
El Faro de La Palma, 02-11-2025

El PSOE propone reconocer a Casa Fidio con el diploma al mérito ciudadano.
Cope La Palma, 04-11-2025.

Rescate en La Laguna: Paneles de la antigua estación de guaguas.

Gracias a la gestión de nuestro socio Carlos Jiménez, la ayuda del Ayuntamiento de La Laguna (especialmente la de Domingo Galván Delgado, concejal de Promoción y Desarrollo Local, Medio Ambiente, Sanidad, Movilidad y Transporte) y la colaboración de la Facultad de Bellas Artes de La ULL, hemos conseguido salvar un gran numero de los paneles informativos que colgaban del techo de la antigua Estación de Guaguas en San Benito, San Cristóbal de la Laguna. Dicha estación, construida por el Estudio de Arquitectura Hodgson a mediados de la década de 1980, dejó de funcionar a comienzos de 2011, al construirse el intercambiador de Padre Anchieta.

Este rescate es especialmente significativo, por tratarse de un conjunto de elementos que, al haber formado parte de un espacio urbano muy transitado, ocupan un lugar destacado en la memoria colectiva de varias generaciones. Con él se abre la posibilidad de elaborar una propuesta para su recuperación e integración en un nuevo espacio público en el que puedan transmitir adecuadamente una parte de la historia del municipio y la isla.