EXIT

Mucha gente cree que la palabra EXIT en los carteles que indican la salida de un espacio es de origen inglés, pero en realidad es una apropiación inglesa del término latino exitus, participio del verbo exire (ir fuera, salir). El concepto original se refiere al fin, con buen resultado, de una acción, obligación o negocio, dando lugar a la palabra «éxito«. Se dice que un libro o disco tiene un gran éxito cuando tiene gran salida, es decir, que se vende bien y tiene un gran tiraje. En valenciano se usa el verbo eixir (salir), que tiene la misma raíz latina.


De exit se deriva el reciente término Brexit (Britain + Exit), relativo a la salida del Reino Unido de la Comunidad Europea.

Por su función clave en situaciones de emergencia, las características de estos carteles viene regulada en numerosas normativas de seguridad. En New York, por ejemplo, para asegurar su óptima visibilidad, se establecen directrices para su diseño que incluyen color, iluminación y tamaño de la tipografía. Así, las letras deben ser de color rojo, de 20,3 cm. de altura y trazos de 2,5 cm de ancho. Si los letreros son foto-luminiscentes, deben tener la capacidad de permanecer visibles durante ocho horas después de exponerse a la luz.

En los transportes públicos en todo el mundo de habla inglesa (y donde hay señales en inglés para los viajeros), las salidas están marcadas como EXIT. La única excepción parece ser Gran Bretaña, donde se usa mucho WAY OUT. Pero EXIT y WAY OUT no significan específicamente lo mismo. Una señal WAY OUT no siempre indica una salida, sino una ruta hacia la salida real.

También suele usarse WAY OUT en las autopistas y en otros lugares, pero generalmente cuando hay un camino a seguir, veremos la señal WAY OUT, o incluso más comúnmente, el cartel verde con un hombre saliendo de una habitación, que es la forma estándar ISO de indicar una salida y se utiliza en muchos lugares del mundo.

Cuando el rotulista no te lo pone fácil

Por Ana Belén González – 11/04/2021


El rotulista, por definición, es un profesional que debe combinar lo práctico con lo estético. La funcionalidad del rótulo supone su primera obligación, sin que por ello deba renunciar a buscar la belleza o la originalidad, porque su trabajo se inserta en el espacio urbano que transitamos todos. Pero hay un segmento de rotulistas (hormas de los zapatos que son los empresarios con exceso de creatividad) que ha decidido ser un verso libre, que defienden una obra de vanguardia, rompedora y alejada de cánones. Y allá tú te las compongas para entender qué han hecho, o por qué lo han hecho así. Veamos algunos ejemplos.

El letrero de Schrödinger 

En la calle Mas de Gaminde (Las Palmas de Gran Canaria) tenemos un letrero que, desafiando a la Física pero sin poner en peligro la vida de ningún gato, es al mismo tiempo horizontal y vertical. Puede ser, me aventuro a pensar, que la farmacia en cuestión dispone de un elevado excedente de stock de productos para tratar la cervicalgia y otros dolores de cuello, y busca, de forma sutil a la vez que taimada, crear nuevos clientes. También resulta útil para aquellos a los que les dé un vahído justo a esa altura de la calle, ya que segundos antes de perder la consciencia lees «farmacia» sin problema.

La consulta sólo presencial

Este médico y su ATS quieren que pongas tu salud en sus manos, pero que vayas a la consulta directamente a verles. Nada de llamarles para hacer rico de royalties a Alexander Graham Bell. De otro modo no se explica la forma ininteligible en que está escrito el teléfono en el rótulo, del que también llama la atención ese «2º Z», porque no consigo recordar un rellano que tuviera tantas puertas como para agotar el abecedario. El horario, un tanto apretado, ya nos indica que las consultas no han de ser baratas, pues trabajando tres horas y media al día no se sostiene una consulta con dos profesionales sanitarios. Visto en la calle León y Castillo (Las Palmas de Gran Canaria).

El juzgado de paz que recicla

Valsequillo, como otros municipios de interior y de economía primordialmente agrícola, ensalza el valor de la frugalidad. «Usar y tirar» es un concepto extraño en estos lugares, con los rótulos también. Véase si no un buen ejemplo en el juzgado de paz, donde el rótulo en el que una vez se podía leer «señor juez», ahora se lee «juzgado». Se le da la vuelta, se rotula de nuevo y a tirar millas y años, que total, todo el mundo sabe dónde está el órgano jurisdiccional y para lo que sirve.

No es cirílico

En estos tiempos, los propietarios de locales se las ven y se las desean para alquilarlos, dada la mucha oferta y la poca demanda por la crisis. En la calle Pérez del Toro (Las Palmas de Gran Canaria), han querido ampliar el espectro de posibles arrendadores rotulando la fecha simultáneamente en castellano y en un cirílico que no es tal, pero que puede atraer la atención de los siempre adinerados inversores de la madre Rusia.

Los ojos en la carretera

En Mogán tenemos este rótulo, pensado para ser visto desde la playa o, los más suertudos, desde un yate, ora alquilado, ora de su propiedad. Pero no para los que lo divisen desde la carretera. Éstos, de acuerdo a la responsabilidad que conducir un vehículo supone, no deben mirar el rótulo ni mucho menos distraerse unos segundos tratando de descifrarlo. Cosa que, irónicamente, es lo que hace uno sin siquiera proponérselo al ver ese batiburrillo de letras del revés. Confiamos en una pronta intervención de la DGT para arreglar tal desaguisado.

Rótulos para los cabizbajos de la vida

Admitámoslo: no podemos ser castañuelas todos los días. Todos tenemos momentos en los que nos asalta el desasosiego, nos atenazan las preocupaciones, sentimos en nuestra espalda el peso asombroso del mundo y no nos dan las fuerzas para erguir la cabeza y mirar hacia delante. Son justo esos momentos los indicados para pasear por las calles Reyes Católicos y Mendizábal y disfrutar de estos inopinados rótulos de suelo. Porque tenemos derecho, qué diablos, a admirar estas letras tan bien talladas aun en plena bajona. Entrenemos guapamente los músculos del cuello con innumerables rotaciones para leer los rótulos del suelo mientras nos preguntamos quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos.

Placas para nada

Por Jaime Medina

Las placas conmemorativas que se instalan en lugares públicos se utilizan para asociar el lugar con una persona, evento o hecho histórico. Hay precedentes ya en las inscripciones del Antiguo Egipto, en las estelas mesopotámicas y en la época grecorromana, donde era habitual que en los monumentos se hiciera constar la fecha de construcción y el autor de los mismos. En Europa, estas placas están indirectamente relacionadas con tradiciones centenarias, como la de esculpir escudos de armas en ciertos edificios.

Las placas modernas tienen su origen en el siglo XIX, cuando en Europa se quiso dejar constancia para las generaciones futuras de la vinculación de determinados lugares con personajes, eventos, o hechos destacables. Se caracterizan por ser un elemento añadido a posteriori al elemento arquitectónico, lo que la distingue de otros elementos epigráficos que suelen tener una función principal, no accesoria. Aparte de instalaciones ocasionales en diversos lugares a comienzos del siglo XIX, la primera ciudad en formalizar la colocación de placas de una forma sistematizada fue Londres, donde la Royal Society of Arts estableció el primer plan en el mundo para la colocación de placas conmemorativas históricas, el actual sistema de placas azules. La primera se colocó en 1867 para conmemorar a Lord Byron en su lugar de nacimiento, en el 24 de Holles Street. La más antigua que se conserva conmemora a Napoleón III Bonaparte en King Street, también colocada en 1867. Desde entonces, el hábito de colocar placas conmemorativas promovidas por organizaciones públicas o privadas se extendió por todo el mundo, encargándose las entidades municipales de su gestión.

Hay en Gran Canaria, la isla en la que vivo, un gran número de estas placas conmemorativas que no conmemoran, básicamente porque NO SE PUEDEN LEER. Bien sea por errores de diseño, bien por la mala elección de materiales, o por una preocupante falta de mantenimiento, un gran número de placas muestran la más absoluta nada, o un denso jeroglífico indescifrable por cualquier ser humano a simple vista, que viene a ser lo mismo. He visto placas colocadas en lugares inverosímiles que hacen imposible su lectura, escondidas tras todo tipo de mobiliario urbano, con cables eléctricos pasando por encima, escritas con textos pequeñísimos sobre fondos irregulares o párrafos interminables sin espacios en los que descansar la vista… No me sorprenderé el día que vea una placa colocada al revés; de hecho, lo espero con resignación.

Calle Mendizábal, Las Palmas de Gran Canaria.

Así, ¿es lícito pensar que lo que realmente conmemoran esas placas inútiles es su propia instalación, fotografiada y publicitada a los cuatro vientos? En un mundo donde la comunicación forma parte de la estrategia política ¿es el rédito propagandístico obtenido por la corporación de turno al inaugurar una placa lo que verdaderamente importa cuando se decide colocarla? Es obvio que no siempre; pero la proliferación de estos casos vergonzantes evidencian una hipocresía colectiva mal disimulada, cuando no una falta de respeto hacia el hecho histórico o a la persona a quien se pretende homenajear. En concreto, cuando el hecho de que una placa es ilegible se pone de manifiesto en el mismo acto de inauguración; todos lo advierten, pero nadie dice nada y la escenografía se completa con aplausos. Estaría muy bien que, por una vez, en un acto de inauguración de alguna de estas placas, alguien levantara la mano, interrumpiera el discurso y preguntara: ¿Pero qué narices pone?


Instalar una placa en la casa de D. Juan Melián Alvarado, nombrado hijo predilecto y bienhechor de la villa de Agüimes, es un bonito gesto de reconocimiento. Hacer pasar el tendido eléctrico por delante de ella hasta casi taparla es un acto de desprecio y una enorme falta de respeto.

Quien decidió colocar esta placa, pensó que debía estar a la altura de un personaje tan importante como Néstor Martín Fernández de la Torre. Y, efectivamente, está a tal altura, que nadie puede leerla. C/ Bravo Murillo, Las Palmas de Gran Canaria.
C/ Herrería, Las Palmas de Gran Canaria.
Plaza Cairasco, Las Palmas de Gran Canaria.

El mosaico de Alfa es sepultado en cemento

In Memoriam, 1950-2021

El bello edificio que fue la casa de D. Manuel Padrón Quevedo, en la Calle León y Castillo nº 41 fue construido en 1950 por el arquitecto Rafael Massanet y es un ejemplo de la arquitectura de los años 50 del pasado siglo. Destacable por la presencia en él de elementos historicistas y por su esquina curva, albergó en su planta baja uno de los primeros comercios que distribuían en España las famosas máquinas de coser ALFA. El umbral de la puerta de acceso estaba adornado con un mosaico corporativo de gran belleza, confeccionado en terrazo de manera artesanal.

Pues bien, hay que lamentar la pérdida de ese bonito elemento hasta ahora superviviente del patrimonio gráfico de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

El caso es especialmente sangrante para Insula Signa, pues al advertir que se estaba llevando a cabo una reforma en el edificio, hicimos gestiones para intentar preservarlo. En mayo de 2021 contactamos con Mª Luisa Martínez Zimmermann —arquitecta encargada de la reforma— que nos tranquilizó manifestando que tanto ella como el propietario eran conscientes del interés de la pieza y que su intención era respetarla.

Contactamos incluso con Luis Fano, actual director de la firma Alfa, con sede en Éibar (Guipúzcoa), para averiguar el origen del bonito mosaico de terrazo. Tras algunas indagaciones, nos comunicó que ellos no habían intervenido para nada en su confección e instalación y nos informó de que la representación de las máquinas en Las Palmas la ostentaba la familia Álvarez Vidal, que fueron de los primeros representantes de la firma en todo el estado. Esta información nos llevó a contactar con con Alejandro Álvarez, que nos confirmó que fue su abuelo Manuel Álvarez quien encargó y mandó instalar el logotipo, a modo personal, siendo un caso extraordinario de fidelidad a la marca y amor por el producto que representaba. 

Toda esta historia ha quedado menospreciada y sepultada bajo tres capas: una de cemento, otra de nuevas baldosas sin ningún interés, y otra —la más espesa— de desprecio y falta de respeto. Para más guasa, tras la reforma han bautizado el edificio como EDIFICIO ALFA, adosando unas letras a la fachada. Lamentable.

Antes y después de la reforma.

Librería Tenesoya

El rótulo de la Librería Bazar Tenesoya llevaba en el barrio teldense de Los Picachos desde mediados de los años 70. El local que ocupaba alberga ahora el establecimiento Pro Lunas, dedicado a la reparación y tintado de lunas de automóvil. 

Javier, su propietario, se puso en contacto con nosotros para advertirnos del deterioro del rótulo y de la conveniencia de rescatarlo. Así, este curioso rótulo pasa a formar parte del fondo patrimonial de Insula Signa. Su interés principal consiste en las técnicas usadas para su confección, mediante letras de plástico moldeadas, ya en desuso. 

Su tipología es representativa de una época en la que abundaron este tipo de letreros, generalmente luminosos. Comenzamos ahora una investigación para recopilar toda la información posible sobre un negocio que estuvo durante décadas en el barrio.

Muchas gracias a Rayco Martín por su inestimable ayuda en este rescate.