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La Det Swinge, un rótulo vikingo

Ha llegado hasta nuestra asociación este curioso rótulo, representativo de un tipo de establecimiento abundante en nuestras islas, que pretende que determinados visitantes se sientan como en casa. 

Aunque el rótulo explicita que es un Norske Baren (Bar Noruego), las banderas y el personaje representado permiten que lo consideremos más bien un bar escandinavo, o ”bar vikingo». 

El establecimiento estuvo en el núcleo turístico de Bahía Feliz, en el sur de Gran Canaria. Muchas gracias a Noelia Díaz y a Salvador de P4 Lounge Bar, por su donación.

La Det Swinge, que podría traducirse al español como «Déjalo hacer swing» o «Déjalo bailar swing», es el título de la canción compuesta por Rolf Løvland e interpretada en noruego por el dúo femenino Bobbysocks. Esta canción fue la ganadora en el Festival de la Canción de Eurovisión 1985 representando a Noruega.

La canción es un tributo a la época en la que se solía bailar escuchando rock’n’roll en la radio. En consonancia, la canción tiene un estilo voluntariamente pasado de moda, con una melodía de saxofón que marca el estribillo. Los arreglos de la melodía están hechos en estilo retro, combinando elementos de la música contemporánea de los años 80 con otros de los años 50.

El Chistera de Manolo Vieira

Tras más de 40 años desde su inauguración, el 9 de febrero de 1984, el pub teatro Chiste-ra del recientemente fallecido humorista Manolo Vieira acabó su singladura convertido en la meca del humor en Canarias. La sala de fiestas en la calle Juan Manuel Durán de Las Palmas de Gran Canaria fue el segundo local con este nombre, pues hubo un primero situado en el 108 de Bernardo de la Torre, que se vio obligado a cerrar en noviembre de 1985 por una denuncia. El nuevo Chistera abrió sus puertas el 23 de noviembre de 1988, con la presencia de José Vicente León, alcalde de la capital, y con un  cartel de artistas como el cantante José Luis y el humorista Jaime Marrero. La obra del nuevo espacio corrió a cargo del ingeniero Juan Armas y la decoración fue obra de Joserromán. Con un aforo de 250 personas, la sala fue todo un éxito, llenando todos los días, de lunes a lunes. Y así es como la semilla del éxito cosechado en su primera etapa germinó. Hasta el día triste de su cierre, con la última actuación del isletero, aquellas paredes notaron el calor de su público. Vieira falleció tan solo un día antes del 39 aniversario de su sala.

Fueron las hijas y los socios de Manolo quienes contactaron con Insula Signa, al conocer la labor que realizamos. El local estaba en alquiler y terminaba el contrato, por lo que tocó desmantelar la sala, así que les pareció buena idea que el rótulo lo conserváramos nosotros. Siempre les estaremos agradecidos.

Proceso de restauración

Cuando lo descolgamos del muro donde estaba ubicado, después de haber permanecido 36 años y siete meses a la intemperie y sin apenas mantenimiento, el rótulo se hallaba en un estado de avanzado deterioro. Los paneles de metacrilato con el logotipo pintado en su interior estaban agrietados, a punto de romperse, y la pintura casi totalmente desprendida. El agua de la lluvia había penetrado por las numerosas rendijas, oxidando parte de la estructura y numerosos elementos del sistema de iluminación. Desde el primer momento, nuestra intención de tratar de conservar los máximos elementos originales posibles se fue desvaneciendo.

A pesar de haber perdido casi la totalidad de pintura negra que hacía de fondo, el logotipo en vinilo dorado translúcido (que dejaba pasar la luz procedente del interior) se conservaba casi íntegramente, lo que permitió calcar el diseño a tamaño real para un posterior proceso de vectorización, corte y reposición. Esta labor fue realizada por Jaime Medina, rotulista artesanal y presidente de Insula Signa, sobre unos nuevos paneles de metacrilato transparente, pues los originales estaban inservibles.

La sustitución del vinilo se encargó a Raúl Martín, de Pintadera Digital, que posteriormente abordó junto a Jaime la reparación o sustitución del sistema eléctrico. Tras retirar toda la suciedad acumulada y limpiar superficialmente el óxido, quedó expuesto el conjunto de tubos y cableado, con un aspecto muy frágil y la sensación de una inminente desintegración en mil pedazos. Raúl, con la experiencia que dan los años de oficio, propuso enchufarlo para comprobar su improbable funcionamiento. Pues bien, ante la sorna y desconfianza de Jaime… ¡funcionó a la primera! Se encendieron los tubos fluorescentes; los siete. Para Raúl, esto significó la última broma de Manolo Vieira.

Ante la nueva perspectiva, se decidió conservar y renovar el sistema de iluminación, sustituyendo todo el cableado, los cebadores que alimentan los tubos fluorescentes y los elementos dañados. Se añadió un interruptor y se cerró la caja, añadiendo los perdidos perfiles de cierre que un día sirvieron para hacer hermética la caja de luz. Por último, se diseñó y fabricó una caja de madera para el almacenamiento y transporte del rótulo.

Completado el proceso de restauración, el rótulo se encuentra ahora en perfecto estado de revista, listo para ser transportado en condiciones y expuesto en algún lugar público cuando sea posible. Más que el rescate de un simple rótulo, se ha recuperado todo un símbolo histórico e identitario. Sin duda será una de las joyas recuperadas de nuestro patrimonio gráfico.
Como colofón, añadir un dato que nos aportó Mónica Vieira: el logotipo del Chistera fue bocetado por sus padres durante un episodio de inspiración nocturna que se prolongó hasta la madrugada. Un valor añadido.

Malditas tildes

Podría empezar este artículo diciendo algo tan bonito y políticamente correcto como «los rotulistas y diseñadores españoles no tienen nada que envidiar a los ingleses y americanos», pero no sería verdad. Sí hay algo: los anglosajones no han de lidiar con las malditas tildes. Su existencia no solo eleva el riesgo de incumplir las reglas ortográficas, sino que supone el engorro de tener que encajarlas en diseños y composiciones. Nada como una inoportuna tilde para fastidiar un interlineado, un equilibrio, una simetría.

Los diseñadores gráficos especialistas en imagen corporativa saben de qué hablo. Cuando se enfrentan al diseño de logotipos, una tilde puede convertirse en un molesto ruido visual y condicionar un trabajo en su totalidad, obligándoles a buscar soluciones alternativas o, en el peor y más común de los casos, a rendirse y prescindir de ella.

«Las mayúsculas no se acentúan»: un mito.

A esto viene a sumarse el viejo problema que venimos arrastrando con la acentuación gráfica de las letras mayúsculas. En torno a ello se ha construido el mito de que fue la misma Real Academia Española la que permitió que las mayúsculas no llevaran tilde; algo que simplemente es una leyenda urbana.

Pero… ¿cómo se construyó ese mito? Hay que remontarse al nacimiento de la imprenta, que durante mucho tiempo tuvo problemas técnicos con la composición manual a la hora de poner la tilde en las mayúsculas y capitales. Era frecuente que se rompieran los acentos de los tipos en relieve, especialmente los situados en las primeras líneas de la página. La solución fue, simplemente, no ponerlas. De hecho, el periódico El País no comenzó a usar las tildes en su cabecera hasta el año 2007. El uso generalizado de las máquinas de escribir contribuyó a consolidar la coartada. Para poner la tilde en una mayúscula había que pulsar tres teclas -mayúscula, vocal y tilde- al mismo tiempo, lo que retardaba mucho el proceso de escritura. Además, muchos modelos de máquina las solapaban con la propia letra, por lo que visualmente no quedaba clara y el texto resultaba estéticamente poco atractivo.

Real Academia Española

Las letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevarla, según las reglas de acentuación gráfica del español. La acentuación gráfica de las letras mayúsculas no es opcional, sino obligatoria, y afecta a cualquier tipo de texto. Las únicas mayúsculas que no se acentúan son las que forman parte de las siglas.

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Omitir la tilde en una palabra es un error, grave si es un nombre propio, imperdonable si lo comete una biblioteca. Agüimes, Gran Canaria.

Interesante artículo en el blog Gramática para Carmencita.

Ya sea por pereza o por comodidad, nos hemos aferrado a esa supuesta permisividad -y la hemos ampliado a cualquier ámbito- para no poner tildes a las mayúsculas, lo que propicia un sinfín de rótulos con faltas de ortografía. Comprueben durante su próximo paseo por la ciudad el alto número de letreros sin los acentos debidos y se sorprenderán del porcentaje que suponen.

Hoy en día no tenemos excusas para seguir haciendo las cosas mal. HAY QUE ACENTUAR LAS MAYÚSCULAS.

Jaime Medina

Cartelera del Cine Morales

El Cine Morales estuvo ubicado en el nº 7 de la calle República Argentina de El Carrizal (Ingenio, Gran Canaria). Propiedad de Antonio Morales Rodríguez, fue proyectado por Antonio Cardona Aragón para un aforo de 400 butacas e inaugurado oficialmente el 5 de octubre de 1944 con la proyección de la película El capitán Cautela, de Richard Wallace, con Victor Mature y Louise Platt como protagonistas. Aunque siempre fue propiedad de la familia Morales, el cine fue gestionado por distintos empresarios hasta el 24 de junio de 2001, día en que cerró oficialmente. El edificio sigue en pie y conserva el rótulo «Cine Morales» integrado en su fachada.


El expositor de carteles tiene la misma antigüedad que el edificio. Se instalaba en algún lugar transitado del centro del municipio y frente a él se pararon durante décadas cientos de personas para conocer la programación de las películas con las que luego rieron, lloraron, soñaron y vivieron fantásticas aventuras en comunidad.

La recuperación de este objeto ha sido posible gracias a la desinteresada donación de Santiago Ramírez, miembro de la familia propietaria del inmueble.

Gracias a la inestimable colaboración de La Tiendita Canaria permitiendo su exposición pública, podemos seguir contemplando esta reliquia que forma parte de la memoria colectiva de la villa de Ingenio.

Academia Método Pitman

Elsa Rodríguez y Santiago Padilla compraron a sus antiguos dueños la academia situada en el tercer piso del número 3 de la calle X en Santa Cruz de Tenerife, junto a la céntrica y populosa Plaza Weyler, en el año 1983. Al registrarla la llamaron Método Pitman, ya que para la enseñanza de la taquigrafía usaron el sistema del inglés Isaac Pitman, un código de escritura abreviada que permite condensar palabras y frases para anotar el dictado verbal mucho más rápido que con la escritura convencional.

Preparaba fundamentalmente a secretarias, enseñando mecanografía, taquigrafía y otras materias. También formaba a contables, o contadores, que entonces se llamaban tenedores de libros. Al finalizar los cursos los alumnos y alumnas recibían un diploma que abría las puertas de muchas oficinas. Haber estudiado en las academias Pitman era una garantía de que se sabía lo necesario para trabajar en las administraciones pública y privada. En ella formaron y prepararon a muchos futuros funcionarios. También fueron Centro Colaborador Oficial del INEM

Elsa Rodríguez, asomada a la ventana y bajo el rótulo de su academia, con la Plaza Weyler al fondo.

Con la llegada de la informática, las academias que utilizaban métodos audiovisuales empezaron a tener éxito, lo que supuso el declive del negocio de Elsa y Santiago. Tras opositar y obtener la condición de funcionarios, decidieron cerrar definitivamente su academia. 

Gracias a Lars Petter Amundsen, Carlos JiménezMathias Beck y al Estudio de Arquitectura Escobedo De la Riva por su colaboración en el rescate de este rótulo.