Los rótulos de las tiendas de Discos Noda formaron parte del paisaje urbano de muchas poblaciones y de la memoria colectiva de varias generaciones. La histórica cadena de establecimientos fue referente de la comercialización musical en Canarias entre finales del siglo XX y comienzos del XXI, asociado al auge del cassette, del vinilo y posteriormente del CD. Fundada por Juan Ramón Santana Noda, llegó a convertirse en una de las mayores redes de tiendas de música del Archipiélago.
Juan Ramón Santana Noda empezó a trabajar de panadero con 13 años. A los 16 ya se ganaba muy bien la vida en un taller mecánico, pero un problema de espalda le obligó a dejarlo. En 1977, con 21 años, empezó a vender en los mercadillos de Gran Canaria (Teror, Vecindario, Ingenio, San Fernando…), acompañado en ocasiones por su hermano menor. Vendía mercancía que traía directamente desde las fábricas en la península: porcelana, juguetes, bisutería, etc. Llegó a gestionar hasta 8 puestos en un mismo mercadillo, empleando a familiares y allegados, hasta que decide especializarse en la venta de cassettes, producto con gran demanda y más fácil de gestionar.
En 1989 abrió la primera tienda Discos Noda, en Telde. Pronto le siguieron otras en Las Palmas de GC, en Vecindario, Maspalomas y Gáldar. En 1996 da el salto a Tenerife, convirtiéndose en la mayor competencia de otra famosa cadena, Discos Manzana. En total, llegaron a existir más de treinta tiendas, 22 de las cuales estuvieron abiertas simultáneamente. Discos Noda amplió sus actividades con la producción y grabación musical, mediante el sello Noda, con notables éxitos de artistas como la Orquesta Armonía, Los Bajip de La Gomera, Pepe Tacoronte, Los Tamarindos y muchos otros. Gracias a la acertada estrategia publicitaria, contratando publicidad en prensa, radio y televisión, crecieron de manera muy rápida, llegando a imprimir 500.000 ejemplares de su catálogo.
Miembros de Insula Signa y Juan Ramón, a la derecha, junto al rótulo cedido. Enero de 2026.
Juan Ramón Santana tuvo la generosidad de donar a Insula Signa uno de los rótulos que todavía conservaba. Concretamente, el correspondiente al de la tienda del Centro Comercial Las Arenas, en Las Palmas de GC, uno de los primeros estblecimientos de la cadena. Este hecho posibilitará que dicho rótulo pase a formar parte del patrimonio gráfico canario, como elemento representativo de una aventura emprendedora sin precedentes. En el acto de entrega, el 17-01-2026, no pudimos dejar pasar la oportunidad de hacer a Juan Ramón algunas preguntas:
¿Cómo empezó la singladura de Discos Noda?
En 1989 abrí la primera tienda en la calle Barbería de Telde. Para su nombre, elegí el primer apellido de mi madre, procedente de Lanzarote, poco común en Canarias. A este primer establecimiento le siguieron otros: un segundo en Telde; en 1991 en la calle Rafael Cabrera en Las Palmas de GC; en 1993 en el Centro Comercial Las Arenas, y en septiembre de 1994, en Vecindario. La cadena siguió expandiéndose con nuevas tiendas en Maspalomas y Gáldar. En 1996 di el salto a Tenerife, con mi cuñado como socio. Adquirimos varios establecimientos, entre ellos los dos que tenía Fresi Disco.
¿Dónde compraba la música que después vendía en sus tiendas?
Por medio mundo: Argentina, Japón, la Feria MIDEM (Marché International du Disque et de l’Édition Musicale), un mercado global para la industria discográfica y musical que se celebraba anualmente en Cannes… Vendíamos estrenos musicales en Canarias antes de que llegaran a la península. Yo mismo gestionaba los despachos de aduanas, en una época en que todo resultaba más sencillo y rápido. En una ocasión llegué a comprar en Miami 1.500 discos de un estreno de Gloria Estefan un sábado y tenerlos en mis tiendas el lunes a primera hora. El martes ya los había vendido todos.
¿También compraban en Miami?
Los americanos quisieron hacer un MIDEM latino. Aunque lo intentaron por todo lo alto, con compañías de primer nivel como EMI, Sony o Virgin, que llevaban allí a sus mejores artistas, no acabó de funcionar. En Miami estuve comprando desde 1997 a 1999 sobre todo a un mayorista cubano llamado Reyes que llevaba 40 años en el negocio de la música. Trabamos amistad y cuando salíamos de la feria, nos íbamos de juerga toda la noche.
¿Cómo recuerda su experiencia americana?
Tengo muy buenos recuerdos. En agosto de 1998, en el Convention Center de Miami Beach, vi actuar a Compay Segundo, el primer músico cubano que rompía el fuego en el MIDEM latino, actuando sólo para periodistas e invitados de la industria discográfica, a pesar de los problemas que tuvo para obtener su visado. Hubo incluso una amenaza de bomba que obligó a desalojar momentáneamente el recinto. En otra ocasión, asistí a un concierto conjunto de Víctor Manuel y Ana Belén.
¿Cuando decidió abrir una tienda en Vecindario?
Yo ya conocía el sureste, por haber frecuentado el mercadillo de San Rafael. La de Vecindario fue nuestra cuarta tienda, tras las de Telde y Las Palmas. Fue todo un éxito; estábamos en plena en el nº 328 de la Avda. de Canarias, un local que pronto ampliamos con un almacén en la conocida como casa de Antonio el Guardia en la calle Los Sabandeños. Ahí llegaron a trabajar hasta diecisiete personas. Posteriormente abrimos otra en el Centro Comercial La Ciel y también en el Centro Comercial Atlántico.
¿Cuáles son los mayores éxitos de ventas que recuerda?
Recuerdo los temas “Y si esto no es una Isa”, del Trío Acaymo, que alcanzó el medio millón de ejemplares vendidos, o “Mi linda señorita” de Los Bajip de la Gomera, que también vendió muchísimo. Asimismo, eran superventas seguros los discos de Gloria Stephan o los recopilatorios Max Mix que editaba la compañía catalana Max Music .
Hubo un tiempo en que se decía: “si no está en Discos Noda, ni lo busques”.
Así es. Yo siempre me preocupé por tener un catálogo lo más extenso posible. Si, por ejemplo, un disco dejaba de tener éxito en España, su venta disminuía y su distribución cesaba al poco tiempo. Yo lo buscaba y lo traía desde otros países donde continuaba vendiéndose con éxito, como Japón, por ejemplo.
¿Qué provocó el cierre de las tiendas y el fin de la cadena Discos Noda?
La evolución de la industria musical. Recuerdo cuando empezaron a llegar los CD, no sabíamos ni abrir la cajita. Con la llegada de internet y la adopción del formato digita, la música dejó de necesitar un soporte físico. La irrupción del MP3 y la piratería digital rompieron el vínculo entre escuchar y comprar discos, vaciando de sentido económico a las tiendas tradicionales.
—
Durante décadas, Discos Noda fue tienda y punto de encuentro: un espacio donde la música popular tenía rostro, conversación y criterio. Con el cambio de modelo y la llegada posterior del streaming, ese ecosistema desapareció. En 2017, al bajar la persiana de última tienda de Discos Noda, en la calle Suárez Guerra de Santa Cruz de Tenerife, no solo se perdió un comercio, sino una forma de vivir la música en la calle.
Primera tienda de Discos Noda, en la calle Barbería de TeldeCalle Triana, Las Palmas de Gran Canaria.Última tienda de Discos Noda, en la calle Suárez Gerra de S/C de Tenerife
En Insula SIgna nos complace enormemente hacer público el informe final del inventariado del patrimonio gráfico del municipio del Puerto de la Cruz, un trabajo realizado por encargo del Ayuntamiento y concluido en enero de 2025. El documento puede consultarse íntegramente en este enlace, donde se ofrece como recurso abierto a la ciudadanía, investigadores y administraciones.
El proyecto, pionero en el estado español, permitió documentar y analizar un conjunto significativo de rótulos comerciales, tipografías y elementos gráficos de valor patrimonial, muchos de ellos vinculados a la memoria urbana, la historia comercial y la identidad visual del municipio.
Una de las premisas del encargo era la presentación pública de los resultados, con el objetivo de poner en valor los hallazgos y devolver a la ciudadanía el conocimiento generado. Aunque la intención inicial fue coordinar esta presentación con el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, el paso del tiempo y la falta de concreción han llevado a la asociación a decidir publicar el trabajo por iniciativa propia, sin seguir demorando su publicación. En Insula Signa somos conscientes de que la difusión pública de este inventario resulta especialmente necesaria si se tiene en cuenta que, desde el inicio de los trabajos de documentación, varios de los elementos inventariados han desaparecido, algunos de ellos de especial relevancia. Esta pérdida reciente confirma la situación de vulnerabilidad del patrimonio gráfico y evidencia la urgencia de su conocimiento y protección.
El patrimonio gráfico no puede permanecer invisible ni quedar relegado a un archivo. Su valor reside también en ser conocido, compartido y debatido. el carácter preventivo del inventario lo convierte en una valiosa herramienta para futuras acciones de conservación.
Queremos agradecer expresamente la colaboración de comerciantes, vecinos y personas que facilitaron información, acceso y testimonios durante el desarrollo del proyecto, cuya implicación fue fundamental para documentar este legado gráfico.
Estamos acostumbrados a elevar la mirada para contemplar los rótulos comerciales. La mayoría se sitúan en un plano elevado, perpendicular al suelo y generalmente sobre las puertas de acceso a los establecimientos. Es una disposición lógica cuando el objetivo principal es captar la atención del viandante en un entorno urbano marcado por la competencia visual y la saturación de estímulos. En ese paisaje de llamadas constantes, todo lo que no se encuentra a la altura de los ojos tiende a desaparecer. Por eso, no resulta extraño que los rótulos integrados en el suelo pasen inadvertidos para la mayoría de las miradas.
Sin embargo, este tipo de rótulos habla de otra forma de entender el comercio y la relación con quien entra en el local. Son señales discretas que revelan un cuidado especial por el detalle y aportan una indudable prestancia al establecimiento. Su intención es menos publicitaria y más humana. Funcionan casi como un gesto de cortesía: una bienvenida silenciosa, una deferencia dirigida no a la multitud, sino a una persona concreta, aquella que cruza el umbral y que, en ese mismo instante, deja de ser transeúnte para convertirse en cliente.
Bonito trabajo e inteligente composición en un edificio de la calle León y Castillo de Las Palmas de Gran Canaria. Desaparecido en una lamentable muestra de desprecio. Tintorería en la calle León y Castillo, Las Palmas de Gran Canaria. Testimonio del desaparecido Bar Diego. Paseo de San José, Las Palmas de GC. Fotografía de Eduardo Reguera. Calle Castrillo de Las Palmas de Gran Canaria. Fotografía de Leonor Zozaya-Montes (@CanariasCultur en X). Calle Pamochamoso, Las Palmas de Gran Canaria. La combinación del terrazo y de las letras no estuvo muy acertada, pues apenas muestra legibilidad.Calle Rafael Cabrera, Las Palmas de Gran Canaria. Calle Bravo Murillo, Las Palmas de Gran Canaria. Mercado Central, Las Palmas de Gran Canaria. Calle La Quesera, La Pasadilla, Ingenio. Mercería desaparecida en el edificio del Estadio Insular, Las Palmas de Gran Canarai. Fotografía de Mirta Castignani. Maracay, un comercio desaparecido, en el Edificio del Estadio Insular, Las Palmas de Gran Canaria.
Muchos de estos umbrales rotulados son auténticos supervivientes, ejercicios estéticos propios de una época en la que se prestaba atención a los pequeños detalles, cuando el diseño gráfico y la artesanía convivían de forma natural con la arquitectura. Hoy, estos rótulos discretos esconden historias olvidadas y evocan un esplendor perdido, recordándonos que el patrimonio gráfico también se encuentra, a veces, justo bajo nuestros pies.
Conviene señalar que este ámbito no debe confundirse con otro bien distinto: el de la señalética urbana y las señales viarias, ya sea pintadas en la calzada o dispuestas en aceras y espacios públicos. Ese conjunto responde a lógicas funcionales, normativas y técnicas propias, y merece sin duda un capítulo aparte.
Callejón del Combate, Santa Cruz de Tenerife. Calle Obispo Rey Redondo, San Cristóbal de La Laguna.
El casco histórico de Santa Cruz de La Palma ha sido testigo los últimos sesenta años de la historia de Casa Fidio, uno de los comercios cercanos que con tanto cariño recuerdan los vecinos de la Calle Real, ubicado en la Casa Cáceres, un inmueble del siglo XIX, de influencia portuguesa y protegido como Conjunto Histórico-Artístico. La librería-papelería fue fundada por Fidio López Hernández (1935 – 2016), librero que inculcó a sus tres hijas (María José, María Beatriz y Rosa María) la pasión y el interés por la lectura. Las herederas pusieron fin a la andadura del negocio familiar en agosto de 2025, tras alimentar de letras y cultura la capital palmera desde 1967.
La primera actividad comercial en la Casa Cáceres fue un «gabinete de lectura» que en 1906 abrió al público el indiano Julián Fernández García, junto con su hermano Juan Fernández García. Ambos habían sido promotores de la Librería, Papelería y Centro de Suscripciones La Favorita, abierta en 1897 en su residencia familiar de la calle Garachico de Santa Cruz de La Palma, establecimiento que cerró sus puertas en 2017 con las marcas de librería decana de La Palma y una de las más antiguas de Canarias. En otro ámbito completamente diferente, en 1908 el doctor Manuel Fernández de la Cruz ya había presentado al público en este mismo domicilio su consulta como odontólogo, beneficiándose de su condición de hijo del matrimonio propietario del edificio desde 1884. En una fecha indeterminada, Agustín Veloco instaló aquí su tienda de mercería, que cerró en 1908 y en 1940, el vecino natural de la villa de Mazo Juan Marante Hernández abrió en la Casa Cáceres una «venta de calzado nacional al por menor».
Fidio López, Nolasco Sicilia y Jaime Sicilia, década de 1970 | Adolfo Ayut, Colección de la Familia López Rodríguez.
Fidio López fue dependiente de la casa antecesora más inmediata en su ramo, la Librería Cervantes, abierta en 1944 como estanco y centro de suscripciones en el nº 4 de la calle Pérez de Brito, propiedad de la familia Yanes. Cuando se formalizó la apertura, quien figuraba como solicitante era Carlos Yanes Carrillo; sin embargo, quien dirigió el negocio de facto fue su esposa, Ángeles Iglesias Orive, nacida en Las Palmas de Gran Canaria, que hubo de obtener la correspondiente autorización conyugal. Mujer refinada, elegante, culta y avanzada a su tiempo, su nombre como emprendedora, como en tantos otros ejemplos, quedó anulado en la documentación oficial, aun siendo, como fue, la auténtica alma mater del proyecto. La sucedió su hija María Victoria Yanes Iglesias, con licencia para ejercer la actividad de librería, papelería y objetos de escritorios, ampliada desde 1987 a juguetería.
Aunque en las décadas de 1940-1960, Venezuela constituye uno de los principales destinos de la emigración canaria de postguerra, Fidio López se aventuró a Guatemala. De vuelta de su periplo indiano, comienza una fructífera etapa como autónomo en la librería. Por entonces, entre los establecimientos domiciliados en el mismo nº 4 de la calle O’Daly se encontraban el estudio fotográfico Nolo y la peluquería Deny. En asociación con Javier Cobiella Cuevas, retoma el estudio fotográfico en la primavera de 1967, anunciándose como Fotografía:Estudio y Laboratorio. Algunas semanas después, el establecimiento se anuncia con el nombre de Casa Fidio. La elección del sustantivo casa para dar nombre a la empresa dota a esta de una connotación cercana, que permite relacionar la actividad comercial con lo emocional. Ello facilita la captación de vínculos afectivos con el cliente, un modelo ya empleado por otros comercios de la ciudad. Pronto, al tráfico de periódicos, revistas y material para despachos y centros educativos, Casa Fidio se introduce en el comercio de los «timbres de ingresos, de impuesto, nacional o fiscal» y sellos postales, lo que contribuirá a incrementar su prestigio. En 1986 el empresario solicita tres nuevas licencias para la copia de documentos, para la reparación de calzado y para la fabricación de llaves.
Anuncio en Diario de Avisos, 31 de marzo de 1967.
Fidio fue siempre fiel a una imagen corporativa cuyos orígenes se sitúan hacia 1992-1993. A raíz de la entrada en vigor del Anexo Informativo de Protección Artística del Casco de Santa Cruz de La Palma, aprobado por la Corporación Municipal en 1990, se prohibieron los anuncios luminosos, por lo que la empresa hubo de modificar su señalética. Eliminó los antiguos rótulos de plástico y neón y, en su lugar, en el antepecho de la ventana situada sobre la entrada septentrional, instaló un novedoso cartel con diseño del propio Fidio López, según testimonios familiares, y elaborado por el alumnado del ciclo superior de la especialidad de forja artística impartido en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Santa Cruz de La Palma (hoy Escuela de Arte Manolo Blahnik) del curso 1992-1993.
Así, bajo la dirección del profesor Isidro de la Cruz Lorenzo,los alumnos Gregorio García Pérez, Pedro Julio Reyes Brito, José Juan González Rodríguez y Ramón A. Machín Hernández realizaron un panel en bronce con las letras superpuestas en negro. Según Raquel Concepción Sánchez, profesora de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria, estamos ante una «tipografía geométrica, minimalista y tecnológica, influenciada por el diseño industrial y la estética futurista típica de las décadas de 1970-1980, singularizado por el empleo de líneas paralelas, ángulos rectos y el diseño de letras condensadas, especialmente en los ámbitos de la señalética, la electrónica, la papelería y los logotipos corporativos«. Si bien la secuencia Librería Papelería, en mayúsculas, cursivas y sin serifas, se puede emparentar con la Helvetica Condensed, Univers o similares, en el enunciado Fidio, también en mayúsculas, cursivas y desprovisto de adornos, de trazos rectos, paralelos y alargados, próximos al estilo techno de máquinas industriales, las letras están modificadas; se nota especialmente en la barra superior, que las unifica visualmente para crear un estilo de logo-tipografía.
Primer rescate de Insula Signa en La Palma
La familia de Fidio, conocedora de nuestra labor en la protección del patrimonio gráfico canario, decidió donar generosamente el rótulo a Insula Signa, preservando así el legado y la historia de Fidio, la memoria de la librería, y un pedacito de diseño (de casi 40 kg) del siglo pasado. Estamos muy contentos asimismo por cerrar el círculo y ceder el rótulo a la Escuela de Arte Manolo Blahnik para que lo restauren, cuiden y expongan en sus dependencias, propiciando de esta manera que siga inspirando a estudiantes y visitantes en el mismo lugar en que fue creado. Esto supone, además el inicio de lo que puede ser una fructífera colaboración entre la Escuela y nuestra asociación.
Agradecemos la colaboración de @grandolaimago, @mh_peludo, el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma y la ayuda de todos/as quienes hicieron posible este rescate.
Fuentes:
58 años de servicio al cliente: la Librería y Papelería Fidio (Santa Cruz de La Palma, 1967-2025) cierra sus puertas. Víctor J. Hernández Correa. Santa Cruz de La Palma, 26-07-2025.
Desde siempre, la posición estratégica de las Islas Canarias en las rutas marítimas a América y África atrajo a comerciantes no sólo europeos, sino de las áreas más lejanas del mundo. Entre las comunidades de comerciantes extranjeros destacaron los sindhis hindúes. Calificado por antropólogos e historiadores como comunidad comercial diaspórica y casta comercial, el sindhi es el grupo de origen asiático más antiguo establecido en España, sólo precedido en el tiempo por algunos libaneses instalados también en Canarias. Hoy en día es una compacta red de comunidades con presencia en más de cien países.
La provincia de Sind, con capital en Hyderabad, pasó a formar parte de Pakistán tras la ocupación británica de la India. Su condición costera la situó en las principales rutas comerciales con Occidente. La mayoría musulmana de su población dificultaba a los hinduístas poseer tierras, integrarse en el ejército o acceder a títulos nobiliarios, por lo que éstos vieron restringida su actividad al comercio. La apertura del Canal de Suez en 1868, que reducía a una tercera parte el viaje por mar de la India a Europa, provocó que los comerciantes sindhis se lanzaran a la búsqueda de puertos libres de restricciones y aranceles en todo el mundo.
Chellaram
Danamal Validam, un joven emprendedor de la familia Chellaram fue el primero en establecer en 1860 su tienda en el nº 33 (actual 47) de la calle Triana de Las Palmas de GC, en una casa antigua de tres pisos que se reformó por dos veces en 1904 y 1923, con proyectos del arquitecto Femando Navarro. Aquel edificio se convirtió en punto de encuentro de los indios de la ciudad. En la tercera planta se habilitó una capilla donde se realizaban bodas y fiestas religiosas de su país de origen. Al auspicio de los buenos resultados comerciales, en 1972 la familia derruyó la antigua casa para construir otra en el mismo lugar, conservando en el último piso un lugar para reuniones religiosas.
Para la clientela oriunda, supuso el descubrimiento de tesoros llegados allende los mares: mantones de Manila, jarrones chinos y sedas indias llegaban a bordo de los vapores que, primero en el antiguo Muelle de Las Palmas (San Telmo) y luego en el de La Luz, recalaban en la isla compartiendo embarcación con los primeros turistas europeos.
Propuesta para el ornamento de la fachada del comercio de Dhanamall Chellaram realizada en 1923 por el arquitecto Fernando Navarro.
Validam nunca vino a Canarias, pero recibía informes semanales de sus negocios en las Islas, así como de sus tiendas en más de 100 puntos distintos del planeta. Su hijo ParsramValiram llegó en 1935 a Gran Canaria, y tras cinco años regresó a la India para formar una familia. Ya con cuatro hijos, huyó de la guerra indo-pakistaní de 1947 y volvió a Las Palmas de Gran Canaria. La tienda Chellaram se convirtió en un centro neurálgico de la ciudad. Incluso abría los domingos para atender a los jugadores de los equipos de fútbol que visitaban la Isla. Los cambulloneros se abastecían allí de mercancías que no encontraban en otro lugar. El negocio permaneció activo hasta el año 2003.
Publicidad en la prensa de la época del establecimiento ChellaramEstablecimiento de Chellaram en la Plaza de la Constitución (actual de la Candelaria), S/C de Tenerife, hacia 1900. Fotografía de la colección Manuel Jesús Martín Martínez-Ball.El mismo establecimiento de Chellaram, hacia 1923. En el rótulo puede leerse «Japanese Articles» y «Chinese Embroidery». Fotografía de A. Benítez en el Archivo de la FEDAC.
Chanrai
El establecimiento del Grupo Chanrai en Santa Cruz de Tenerife en 1860 fue un punto más de la ampliación de la basta red empresarial Hyderabad Sind, con sede en Gibraltar y presencia en todo el mundo. El grupo siguió creciendo hasta abrir un negocio en el nº 43 de Triana, es decir, junto al de sus compatriotas.
En los años veinte y treinta, las llamadas 3C (Chanrai, Choitram y Chellaram), ya estaban presentes en el núcleo del comercio tradicional de la capital tinerfeña (la calle Alfonso XIII –actual Castillo– y la plaza de la Constitución – actual de la Candelaria–), así como en la calle Triana de las Palmas de Gran Canaria. En esa misma calle, Thakurd Basulchand abrió en 1935 la firma Flor de India.
Publicidad de Chanrai en la prensa de 1963Chanrai, en la calle Triana de la capital grancanaria, hacia 1980.Flor de India, en la Calle Triana, hacia 1965. Fotografía del archivo de la FEDAC.
Metharam
También la familia Metharam abrió una sucursal en Triana en 1901, tras haber llegado a Tenerife en 1886. La capital de Canarias entonces no era compartida, ya que la división provincial entre Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife se produjo en 1927. Este grupo de empresarios debió afrontar el inicio del llamado «pleito insular» entre Tenerife y Gran Canaria y los problemas derivados de la fiebre amarilla que acabó en 1863 y que hizo estragos en la capital grancanaria. A pesar del riesgo comercial que suponía, estos emprendedores consiguieron expandir sus negocios y contribuir al florecimiento de la actividad comercial en la calle Triana, duramente castigada por la pandemia.
Exterior de Metharam Bros & Co. en la calle Triana, a principios de siglo. Fotografía de Juan Bonnet.Interior de Metharam Bros & Co. Fotografía de Juan Bonnet.Casa Metharam en la Calle Triana, hacia 1953. Archivo fotográfico de la FEDAC.Decoración en la fachada del bazar Metharam que el artista Felo Monzón realizó en 1956 por encargo del arquitecto José Enrique Marrero En la cultura hindú, el elefante es un símbolo de buena fortuna, fuerza, sabiduría, lealtad y abundancia.
En 1956, el propietario D. G. D. Daryani encargó la decoración de la fachada de su negocio al célebre arquitecto José Enrique MarreroRegalado, que solicitó para ello la colaboración de Felo Monzón, para entonces una figura consagrada en el Archipiélago. Ocho ménsulas en forma de cabeza de elefante con la trompa extendida configuran parte de dicha decoración, además del revestimiento de las pilastras laterales en piedra artificial en el tono de la piedra berroqueña, representando figuras de dioses de danzas sagradas las superiores y ornamentaciones geométricas de influencia oriental las inferiores.
Maya
En 1953, el emprendedor sindhi Tirthdas Bherumal Bharwani, hijo de un adinerado joyero, abrió la primera tienda del grupo Maya en la plaza de la Candelaria de Santa Cruz de Tenerife. Pocos años después abrió un centro de venta al mayor en Gran Canaria y en 1969 inauguró en la calle Triana su primera tienda. Apostó por importar las primeras marcas de fotografía, electrodomésticos y joyería, convirtiéndose en distribuidor internacional de algunas de ellas, como Nikon. El joven visionario introdujo innovaciones clave que le proporcionaron prestigio y llenaron de clientes sus comercios, como abandonar el habitual regateo para establecer una política de precios fijos u ofrecer garantía y servicio post-venta para los productos que vendía.
Tras su muerte en 1977, sus hijos Ramesh, Kishinchand, Harisunder y Kumar tomaron el relevo. Poco a poco Ramesh transformó las prósperas tiendas de su padre en un imperio comercial que llegó a tener 2.000 empleados. La introducción de tarjetas de crédito propias, que permitían pagar las compras a plazos, supuso un hito en la estrategia comercial, fidelizando a más de 25.000 clientes. Ramesh creó una división internacional de importación y distribución mayorista de marcas de óptica, fotografía y electrónica y construyó un complejo hotelero en Lanzarote, además de introducirse en el negocio inmobiliario.
Sede principal y primer establecimiento de Maya en la Plaza de la Candelaria, S/C de Tenerife, ahora ocupado por una cadena hotelera.
Primera tienda de Maya en Las Palmas de Gran Canaria, en la calle Triana.La última sede de Maya en Las Palmas de Gran Canaria, en la calle Juan Manuel Durán, cerró en 2016. Fotografía de Ujo & Partners.
Con la repentina muerte de Ramesh en 2010, la tercera generación de la familia Bharwani no pudo mantener el éxito de la compañía. Se enfrentaron a la crisis económica y una creciente competencia, lo que llevó a una mala gestión y a la situación actual de la empresa, con un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que terminó con el cierre de todos los negocios y la sociedad acabó en concurso de acreedores.
Visanta
Visanta fue fundada en 1973 por Moti Matani, originario del Sindh (India). La empresa, cuyo nombre es un acrónimo formado a partir de los nombres de sus hijos, creció como un comercio especializado en electrónica, fotografía, vídeo e informática, con un modelo basado en precios competitivos, trato humano y garantía directa. Llegaron a tener 14 tiendas en Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote. Un año después de abrir la primera, en la calle Ripoche de Las Palmas de Gran Canaria, abrieron una sucursal en S/C de Tenerife y posteriormente en Las Américas y en el Puerto de la Cruz, convirtiéndose en un referente insular. Matani se retiró en 2018 y sus hijos Priti y Puneet tomaron las riendas del negocio. Actualmente quedan cinco tiendas, una en Gran Canaria, dos en Tenerife y una en Lanzarote. La del Puerto de la Cruz cerró en mayo de 2025, marcando el fin de una etapa.
Tienda de Visanta en la calle Ripoche de Las Palmas de Gran Canaria.Esquina de la calle Imeldo Serís con Cruz Verde, en Santa Cruz de Tenerife. A la derecha, el comercio de Visanta, a finales de los años 70. Fotografía de Antonio Brito Correa.
Durante décadas, los sindhis se especializaron en la venta de productos exóticos, textiles de alta calidad, sedas, encajes, linos, tejidos de Cachemira, objetos de arpillera, plata labrada, bordados orientales, madera de sándalo, porcelanas, vajillas, etc. Muchos de los productos se importaban también desde Malta y Gibraltar. La seda fue durante las primeras décadas del siglo XX la primera de las importaciones en Canarias, después de la madera, la turba, el tabaco, el trigo y el serrín. Los clientes de estos comercios eran fundamentalmente los segmentos más ricos de la sociedad canaria y los pasajeros de los numerosos buques, en su mayoría ingleses en travesía hacia las colonias, o establecidos en las islas tras la construcción del Puerto de la Luz, que en 1915 llegó a ser el segundo del mundo en tráfico de mercancías, solamente por detrás del puerto de Nueva York. La integración en 1947 de la provincia de Sind en Pakistán tras la independencia de la India intensificó la diáspora y cambió la relación de esta comunidad con su lugar de origen. La práctica económica y la adscripción religiosa conforman la autoidentificación y la pertenencia a la comunidad, por encima de nacionalidad y localidad.
La afluencia del turismo de masas y la condición de puertos francos libres de impuestos explica la bonanza de estos negocios en los años sesenta y setenta, época que podría calificarse como los tiempos dorados. La inmigración sindhi de este período es familiar; las mujeres eran reagrupadas tras el establecimiento durante años de sus esposos, por lo que muchos de los jóvenes y adultos de la comunidad actual nacieron en el archipiélago. Aunque se mantuvo la venta de productos textiles, se produjo cierta diversificación, especializándose muchos comerciantes en productos
electrónicos. A las islas llegaban mercancías desde Bombay, Cantón, Shangai, Kobi, Yokoama, Ceuta, Melilla, Tetuán, Larache, Casablanca, Fez, Mogador, Panamá, Kingstown, Punta Arenas, Sierra Leona, Lagos, Accra, Monrovia y hasta el Congo, que tenía conexiones aéreas directas con las islas para pequeños y rápidos envíos de electrónica. A los ya mencionados se sumaron importantes nombres comerciales como Chellsons, Visanta, Atlantic Traders, Pasha, Chandu, Kishoo… Los bazares hindúes poblaron principalmente las calles de La Naval, Juan Rejón y Albareda en Las Palmas de GC, convirtiéndose en un referente obligado para las tripulaciones, pasajeros y turistas que llegaban por mar y aire desde todo el mundo.
Tal era el grado de atracción que estos comercios ejercían, que a los visitantes peninsulares se les denominaba «el 7º de Caballería», porque nada más llegar preguntaban: ¿Dónde están los indios?
La comunidad hindú siempre dió especial importancia a la ética en sus negocios: una parte de los beneficios se deben devolver a la comunidad, en forma de donaciones a comunidades religiosas y educativas, así como a organizaciones sociales. En 1916 ayudaron a la llegada de la energía eléctrica a Triana. Chellaram llegó a financiar las tartanas de los tartaneros, a cambio de traer a los turistas desde el Puerto. Chanrai financió la compra de mármol en la Iglesia de San Francisco de Santa Cruz de Tenerife. Maya se convirtió en patrocinador del Carnaval de Santa Cruz y el Diwali (principal fiesta hindú) que organizaba Ramesh Bharwani se convirtió era un evento social de primer orden. Las donaciones incluían también ayudas para los negocios de aquellas familias que todavía no habían tenido éxito en sus negocios.
Desde 1982, con la desaparición de los puertos francos y la rigidez en materia de extranjería, la emigración procedente de la India prácticamente se detuvo. En los últimos tiempos, los herederos de aquellos empresarios han liderado el proceso de transformación de sus sociedades. Muchas familias que empezaron con pequeños bazares poseen las más fuertes empresas del Archipiélago en varios sectores. Aunque los negocios de venta al público se mantienen en reducidas zonas de las capitales canarias y áreas turísticas, la mayor parte de los nuevos negocios están basados en el tráfico internacional de mercancías, cadenas de perfumería, servicios digitales, actividades financieras e industria turística. FundGrube, Riu, Sabina, Europa, Douglas o Kim son tiendas por las que seguro habrá pasado cualquier persona que haya estado en Canarias y haya aprovechado los bajos precios que aún se mantienen en esos productos. Empresarios como Anil Partap, uno de los mayores importadores de Canarias, o Ram Bhavnani, que hizo fortuna con sus inversiones en el sector bancario, han levantado verdaderos imperios a nivel regional.
Es abundante el legado cultural que la comunidad sindhi ha dejado en Canarias. También hay huellas tangibles que han enriquecido nuestro patrimonio visual. En efecto, me refiero a los rótulos de sus negocios, que formaron parte del paisaje urbano durante décadas. Aunque van desapareciendo lentamente, todavía se pueden apreciar en algunas calles de Las Palmas de GC y S/C de Tenerife los restos de un pasado de esplendor comercial en el que medio millar de establecimientos, conocidos popularmente como los indios, contribuyeron al bullicio cosmopolita en las islas a mediados del siglo XX.
Gran parte de aquellos establecimientos fueron sustituidos por otra gran comunidad de comerciantes asiáticos: los chinos, que poblaron las zonas donde antes reinaron los indios con numerosos negocios que a su vez también fueron cerrando, víctimas de la crisis económica de 2008. El área que conforman las calles Albareda, La Naval y Juán Rejón en Las Palmas de GC es un museo urbano en el que aún pueden contemplarse algunos restos gráficos de los rótulos indios, chinos y rusos (que también los hubo). Además de una visita presencial, es muy recomendable también hacerla de manera virtual en Google StreetView, en la que además es posible retroceder en el tiempo hasta el año 2008 y contemplar muchos de los rótulos que había entonces.
Fuentes:
Chellaram, novedades orientales. Dunia E. Torres, La Provincia, 12/03/1998.
El poder hindú en Canarias. ElDiario.es, 06/12/2006
Los comerciantes sindhis en Canarias. Relaciones transnacionales y actividad económica. Ana María López Sala y Valeriano Esteban Sánchez, 2010.
La senda de los elefantes. Mariano de Santa Ana, La Provincia, 11/11/2013
El declive del imperio de los Bharwani. Laura Docampo. La Provincia, 12/10/2014.
España y la India: en busca de unas relaciones bilaterales más estrechas. Rubén Campos Palarea y Jayshree Sengupta. Real Instituto Elcano, 2017.
160 años de excelente comercio hindú en Canarias. José L. Jiménez. ABC, 10/09/2018.
100% canarios, 100% mestizos. A.R./I.D. La Provincia, 30/05/2019.