Los rótulos y carteles tradicionales que forman parte del paisaje urbano de Canarias no solo identifican negocios: cuentan historias, preservan oficios, transmiten identidad. Este patrimonio gráfico —único, frágil y en peligro de desaparecido— constituye un valioso testimonio de nuestra cultura visual, ligado a la memoria colectiva de nuestras comunidades.
Desde Insula Signa, con el apoyo de la Universidad de La Laguna y de la Asociación de Profesionales y Empresas de Diseño de Canarias (Di-Ca), llevamos años trabajando para identificar, documentar y conservar estos testimonios gráficos en distintas localidades del Archipiélago. Pertenecemos a la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico, que agrupa a colectivos de todo el Estado con el mismo objetivo común: evitar la pérdida de este legado. Sin embargo, nuestro esfuerzo no es suficiente; esta labor necesita apoyo institucional para crecer y consolidarse. Por eso hacemos un llamamiento a las administraciones públicas y entidades privadas a sumarse a este esfuerzo colectivo y activar mecanismos que garanticen la protección, difusión y permanencia del patrimonio gráfico canario. No podemos permitir que desaparezca una parte tan significativa de nuestra identidad.
Desde siempre, la posición estratégica de las Islas Canarias en las rutas marítimas a América y África atrajo a comerciantes no sólo europeos, sino de las áreas más lejanas del mundo. Entre las comunidades de comerciantes extranjeros destacaron los sindhis hindúes. Calificado por antropólogos e historiadores como comunidad comercial diaspórica y casta comercial, el sindhi es el grupo de origen asiático más antiguo establecido en España, sólo precedido en el tiempo por algunos libaneses instalados también en Canarias. Hoy en día es una compacta red de comunidades con presencia en más de cien países.
La provincia de Sind, con capital en Hyderabad, pasó a formar parte de Pakistán tras la ocupación británica de la India. Su condición costera la situó en las principales rutas comerciales con Occidente. La mayoría musulmana de su población dificultaba a los hinduístas poseer tierras, integrarse en el ejército o acceder a títulos nobiliarios, por lo que éstos vieron restringida su actividad al comercio. La apertura del Canal de Suez en 1868, que reducía a una tercera parte el viaje por mar de la India a Europa, provocó que los comerciantes sindhis se lanzaran a la búsqueda de puertos libres de restricciones y aranceles en todo el mundo.
Chellaram
Danamal Validam, un joven emprendedor de la familia Chellaram fue el primero en establecer en 1860 su tienda en el nº 33 (actual 47) de la calle Triana de Las Palmas de GC, en una casa antigua de tres pisos que se reformó por dos veces en 1904 y 1923, con proyectos del arquitecto Femando Navarro. Aquel edificio se convirtió en punto de encuentro de los indios de la ciudad. En la tercera planta se habilitó una capilla donde se realizaban bodas y fiestas religiosas de su país de origen. Al auspicio de los buenos resultados comerciales, en 1972 la familia derruyó la antigua casa para construir otra en el mismo lugar, conservando en el último piso un lugar para reuniones religiosas.
Para la clientela oriunda, supuso el descubrimiento de tesoros llegados allende los mares: mantones de Manila, jarrones chinos y sedas indias llegaban a bordo de los vapores que, primero en el antiguo Muelle de Las Palmas (San Telmo) y luego en el de La Luz, recalaban en la isla compartiendo embarcación con los primeros turistas europeos.
Propuesta para el ornamento de la fachada del comercio de Dhanamall Chellaram realizada en 1923 por el arquitecto Fernando Navarro.
Validam nunca vino a Canarias, pero recibía informes semanales de sus negocios en las Islas, así como de sus tiendas en más de 100 puntos distintos del planeta. Su hijo ParsramValiram llegó en 1935 a Gran Canaria, y tras cinco años regresó a la India para formar una familia. Ya con cuatro hijos, huyó de la guerra indo-pakistaní de 1947 y volvió a Las Palmas de Gran Canaria. La tienda Chellaram se convirtió en un centro neurálgico de la ciudad. Incluso abría los domingos para atender a los jugadores de los equipos de fútbol que visitaban la Isla. Los cambulloneros se abastecían allí de mercancías que no encontraban en otro lugar. El negocio permaneció activo hasta el año 2003.
Publicidad en la prensa de la época del establecimiento ChellaramEstablecimiento de Chellaram en la Plaza de la Constitución (actual de la Candelaria), S/C de Tenerife, hacia 1900. Fotografía de la colección Manuel Jesús Martín Martínez-Ball.El mismo establecimiento de Chellaram, hacia 1923. En el rótulo puede leerse «Japanese Articles» y «Chinese Embroidery». Fotografía de A. Benítez en el Archivo de la FEDAC.
Chanrai
El establecimiento del Grupo Chanrai en Santa Cruz de Tenerife en 1860 fue un punto más de la ampliación de la basta red empresarial Hyderabad Sind, con sede en Gibraltar y presencia en todo el mundo. El grupo siguió creciendo hasta abrir un negocio en el nº 43 de Triana, es decir, junto al de sus compatriotas.
En los años veinte y treinta, las llamadas 3C (Chanrai, Choitram y Chellaram), ya estaban presentes en el núcleo del comercio tradicional de la capital tinerfeña (la calle Alfonso XIII –actual Castillo– y la plaza de la Constitución – actual de la Candelaria–), así como en la calle Triana de las Palmas de Gran Canaria. En esa misma calle, Thakurd Basulchand abrió en 1935 la firma Flor de India.
Publicidad de Chanrai en la prensa de 1963Chanrai, en la calle Triana de la capital grancanaria, hacia 1980.Flor de India, en la Calle Triana, hacia 1965. Fotografía del archivo de la FEDAC.
Metharam
También la familia Metharam abrió una sucursal en Triana en 1901, tras haber llegado a Tenerife en 1886. La capital de Canarias entonces no era compartida, ya que la división provincial entre Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife se produjo en 1927. Este grupo de empresarios debió afrontar el inicio del llamado «pleito insular» entre Tenerife y Gran Canaria y los problemas derivados de la fiebre amarilla que acabó en 1863 y que hizo estragos en la capital grancanaria. A pesar del riesgo comercial que suponía, estos emprendedores consiguieron expandir sus negocios y contribuir al florecimiento de la actividad comercial en la calle Triana, duramente castigada por la pandemia.
Exterior de Metharam Bros & Co. en la calle Triana, a principios de siglo. Fotografía de Juan Bonnet.Interior de Metharam Bros & Co. Fotografía de Juan Bonnet.Casa Metharam en la Calle Triana, hacia 1953. Archivo fotográfico de la FEDAC.Decoración en la fachada del bazar Metharam que el artista Felo Monzón realizó en 1956 por encargo del arquitecto José Enrique Marrero En la cultura hindú, el elefante es un símbolo de buena fortuna, fuerza, sabiduría, lealtad y abundancia.
En 1956, el propietario D. G. D. Daryani encargó la decoración de la fachada de su negocio al célebre arquitecto José Enrique MarreroRegalado, que solicitó para ello la colaboración de Felo Monzón, para entonces una figura consagrada en el Archipiélago. Ocho ménsulas en forma de cabeza de elefante con la trompa extendida configuran parte de dicha decoración, además del revestimiento de las pilastras laterales en piedra artificial en el tono de la piedra berroqueña, representando figuras de dioses de danzas sagradas las superiores y ornamentaciones geométricas de influencia oriental las inferiores.
Maya
En 1953, el emprendedor sindhi Tirthdas Bherumal Bharwani, hijo de un adinerado joyero, abrió la primera tienda del grupo Maya en la plaza de la Candelaria de Santa Cruz de Tenerife. Pocos años después abrió un centro de venta al mayor en Gran Canaria y en 1969 inauguró en la calle Triana su primera tienda. Apostó por importar las primeras marcas de fotografía, electrodomésticos y joyería, convirtiéndose en distribuidor internacional de algunas de ellas, como Nikon. El joven visionario introdujo innovaciones clave que le proporcionaron prestigio y llenaron de clientes sus comercios, como abandonar el habitual regateo para establecer una política de precios fijos u ofrecer garantía y servicio post-venta para los productos que vendía.
Tras su muerte en 1977, sus hijos Ramesh, Kishinchand, Harisunder y Kumar tomaron el relevo. Poco a poco Ramesh transformó las prósperas tiendas de su padre en un imperio comercial que llegó a tener 2.000 empleados. La introducción de tarjetas de crédito propias, que permitían pagar las compras a plazos, supuso un hito en la estrategia comercial, fidelizando a más de 25.000 clientes. Ramesh creó una división internacional de importación y distribución mayorista de marcas de óptica, fotografía y electrónica y construyó un complejo hotelero en Lanzarote, además de introducirse en el negocio inmobiliario.
Sede principal y primer establecimiento de Maya en la Plaza de la Candelaria, S/C de Tenerife, ahora ocupado por una cadena hotelera.
Primera tienda de Maya en Las Palmas de Gran Canaria, en la calle Triana.La última sede de Maya en Las Palmas de Gran Canaria, en la calle Juan Manuel Durán, cerró en 2016. Fotografía de Ujo & Partners.
Con la repentina muerte de Ramesh en 2010, la tercera generación de la familia Bharwani no pudo mantener el éxito de la compañía. Se enfrentaron a la crisis económica y una creciente competencia, lo que llevó a una mala gestión y a la situación actual de la empresa, con un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que terminó con el cierre de todos los negocios y la sociedad acabó en concurso de acreedores.
Visanta
Visanta fue fundada en 1973 por Moti Matani, originario del Sindh (India). La empresa, cuyo nombre es un acrónimo formado a partir de los nombres de sus hijos, creció como un comercio especializado en electrónica, fotografía, vídeo e informática, con un modelo basado en precios competitivos, trato humano y garantía directa. Llegaron a tener 14 tiendas en Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote. Un año después de abrir la primera, en la calle Ripoche de Las Palmas de Gran Canaria, abrieron una sucursal en S/C de Tenerife y posteriormente en Las Américas y en el Puerto de la Cruz, convirtiéndose en un referente insular. Matani se retiró en 2018 y sus hijos Priti y Puneet tomaron las riendas del negocio. Actualmente quedan cinco tiendas, una en Gran Canaria, dos en Tenerife y una en Lanzarote. La del Puerto de la Cruz cerró en mayo de 2025, marcando el fin de una etapa.
Tienda de Visanta en la calle Ripoche de Las Palmas de Gran Canaria.Esquina de la calle Imeldo Serís con Cruz Verde, en Santa Cruz de Tenerife. A la derecha, el comercio de Visanta, a finales de los años 70. Fotografía de Antonio Brito Correa.
Durante décadas, los sindhis se especializaron en la venta de productos exóticos, textiles de alta calidad, sedas, encajes, linos, tejidos de Cachemira, objetos de arpillera, plata labrada, bordados orientales, madera de sándalo, porcelanas, vajillas, etc. Muchos de los productos se importaban también desde Malta y Gibraltar. La seda fue durante las primeras décadas del siglo XX la primera de las importaciones en Canarias, después de la madera, la turba, el tabaco, el trigo y el serrín. Los clientes de estos comercios eran fundamentalmente los segmentos más ricos de la sociedad canaria y los pasajeros de los numerosos buques, en su mayoría ingleses en travesía hacia las colonias, o establecidos en las islas tras la construcción del Puerto de la Luz, que en 1915 llegó a ser el segundo del mundo en tráfico de mercancías, solamente por detrás del puerto de Nueva York. La integración en 1947 de la provincia de Sind en Pakistán tras la independencia de la India intensificó la diáspora y cambió la relación de esta comunidad con su lugar de origen. La práctica económica y la adscripción religiosa conforman la autoidentificación y la pertenencia a la comunidad, por encima de nacionalidad y localidad.
La afluencia del turismo de masas y la condición de puertos francos libres de impuestos explica la bonanza de estos negocios en los años sesenta y setenta, época que podría calificarse como los tiempos dorados. La inmigración sindhi de este período es familiar; las mujeres eran reagrupadas tras el establecimiento durante años de sus esposos, por lo que muchos de los jóvenes y adultos de la comunidad actual nacieron en el archipiélago. Aunque se mantuvo la venta de productos textiles, se produjo cierta diversificación, especializándose muchos comerciantes en productos
electrónicos. A las islas llegaban mercancías desde Bombay, Cantón, Shangai, Kobi, Yokoama, Ceuta, Melilla, Tetuán, Larache, Casablanca, Fez, Mogador, Panamá, Kingstown, Punta Arenas, Sierra Leona, Lagos, Accra, Monrovia y hasta el Congo, que tenía conexiones aéreas directas con las islas para pequeños y rápidos envíos de electrónica. A los ya mencionados se sumaron importantes nombres comerciales como Chellsons, Visanta, Atlantic Traders, Pasha, Chandu, Kishoo… Los bazares hindúes poblaron principalmente las calles de La Naval, Juan Rejón y Albareda en Las Palmas de GC, convirtiéndose en un referente obligado para las tripulaciones, pasajeros y turistas que llegaban por mar y aire desde todo el mundo.
Tal era el grado de atracción que estos comercios ejercían, que a los visitantes peninsulares se les denominaba «el 7º de Caballería», porque nada más llegar preguntaban: ¿Dónde están los indios?
La comunidad hindú siempre dió especial importancia a la ética en sus negocios: una parte de los beneficios se deben devolver a la comunidad, en forma de donaciones a comunidades religiosas y educativas, así como a organizaciones sociales. En 1916 ayudaron a la llegada de la energía eléctrica a Triana. Chellaram llegó a financiar las tartanas de los tartaneros, a cambio de traer a los turistas desde el Puerto. Chanrai financió la compra de mármol en la Iglesia de San Francisco de Santa Cruz de Tenerife. Maya se convirtió en patrocinador del Carnaval de Santa Cruz y el Diwali (principal fiesta hindú) que organizaba Ramesh Bharwani se convirtió era un evento social de primer orden. Las donaciones incluían también ayudas para los negocios de aquellas familias que todavía no habían tenido éxito en sus negocios.
Desde 1982, con la desaparición de los puertos francos y la rigidez en materia de extranjería, la emigración procedente de la India prácticamente se detuvo. En los últimos tiempos, los herederos de aquellos empresarios han liderado el proceso de transformación de sus sociedades. Muchas familias que empezaron con pequeños bazares poseen las más fuertes empresas del Archipiélago en varios sectores. Aunque los negocios de venta al público se mantienen en reducidas zonas de las capitales canarias y áreas turísticas, la mayor parte de los nuevos negocios están basados en el tráfico internacional de mercancías, cadenas de perfumería, servicios digitales, actividades financieras e industria turística. FundGrube, Riu, Sabina, Europa, Douglas o Kim son tiendas por las que seguro habrá pasado cualquier persona que haya estado en Canarias y haya aprovechado los bajos precios que aún se mantienen en esos productos. Empresarios como Anil Partap, uno de los mayores importadores de Canarias, o Ram Bhavnani, que hizo fortuna con sus inversiones en el sector bancario, han levantado verdaderos imperios a nivel regional.
Es abundante el legado cultural que la comunidad sindhi ha dejado en Canarias. También hay huellas tangibles que han enriquecido nuestro patrimonio visual. En efecto, me refiero a los rótulos de sus negocios, que formaron parte del paisaje urbano durante décadas. Aunque van desapareciendo lentamente, todavía se pueden apreciar en algunas calles de Las Palmas de GC y S/C de Tenerife los restos de un pasado de esplendor comercial en el que medio millar de establecimientos, conocidos popularmente como los indios, contribuyeron al bullicio cosmopolita en las islas a mediados del siglo XX.
Gran parte de aquellos establecimientos fueron sustituidos por otra gran comunidad de comerciantes asiáticos: los chinos, que poblaron las zonas donde antes reinaron los indios con numerosos negocios que a su vez también fueron cerrando, víctimas de la crisis económica de 2008. El área que conforman las calles Albareda, La Naval y Juán Rejón en Las Palmas de GC es un museo urbano en el que aún pueden contemplarse algunos restos gráficos de los rótulos indios, chinos y rusos (que también los hubo). Además de una visita presencial, es muy recomendable también hacerla de manera virtual en Google StreetView, en la que además es posible retroceder en el tiempo hasta el año 2008 y contemplar muchos de los rótulos que había entonces.
Fuentes:
Chellaram, novedades orientales. Dunia E. Torres, La Provincia, 12/03/1998.
El poder hindú en Canarias. ElDiario.es, 06/12/2006
Los comerciantes sindhis en Canarias. Relaciones transnacionales y actividad económica. Ana María López Sala y Valeriano Esteban Sánchez, 2010.
La senda de los elefantes. Mariano de Santa Ana, La Provincia, 11/11/2013
El declive del imperio de los Bharwani. Laura Docampo. La Provincia, 12/10/2014.
España y la India: en busca de unas relaciones bilaterales más estrechas. Rubén Campos Palarea y Jayshree Sengupta. Real Instituto Elcano, 2017.
160 años de excelente comercio hindú en Canarias. José L. Jiménez. ABC, 10/09/2018.
100% canarios, 100% mestizos. A.R./I.D. La Provincia, 30/05/2019.
Gracias a la gestión de nuestro socio Carlos Jiménez, la ayuda del Ayuntamiento de La Laguna (especialmente la de Domingo Galván Delgado, concejal de Promoción y Desarrollo Local, Medio Ambiente, Sanidad, Movilidad y Transporte) y la colaboración de la Facultad de Bellas Artes de La ULL, hemos conseguido salvar un gran numero de los paneles informativos que colgaban del techo de la antigua Estación de Guaguas en San Benito, San Cristóbal de la Laguna. Dicha estación, construida por el Estudio de ArquitecturaHodgson a mediados de la década de 1980, dejó de funcionar a comienzos de 2011, al construirse el intercambiador de Padre Anchieta.
Este rescate es especialmente significativo, por tratarse de un conjunto de elementos que, al haber formado parte de un espacio urbano muy transitado, ocupan un lugar destacado en la memoria colectiva de varias generaciones. Con él se abre la posibilidad de elaborar una propuesta para su recuperación e integración en un nuevo espacio público en el que puedan transmitir adecuadamente una parte de la historia del municipio y la isla.
Hemos conseguido rescatar el rótulo de la emblemática Perfumería Rosy, la primera de San Cristóbal de La Laguna, inaugurada hace 57 años. Loli, la última propietaria junto a su hermana Rosa, se puso en contacto con nosotros para donarlo a Insula Signa y así perpetuar la memoria del negocio familiar que fundó su madre Rosalva De León y que hace poco cerró sus puertas definitivamente. El establecimiento es conocido por varias generaciones laguneras y famoso por el buen gusto de sus delicados envoltorios. Muchas gracias y enhorabuena a la familia por su destacada trayectoria.
El pasado mes de enero rescatamos este par de bonitos rótulos gracias al aviso de Carolina Álamo, que nos contactó para informarnos de que estaba literalmente tirado en la calle. Afortunadamente, llegamos a tiempo de evitar que se perdiera para siempre. Es un rótulo con un gran valor técnico y artístico, pues su tipografía estilo Art Déco está realizada en letras corpóreas de madera fijadas a un soporte y con una volumetría muy peculiar, con una deformación en perspectiva. El conjunto de tipografía y soporte muestra un acertado uso del color.
Ubicada en la Calle de la Rosa número 10 en Santa Cruz de Tenerife y todavía en activo, la Librería Plumier es una empresa familiar que ha operado durante más de 20 años, consolidándose como un referente en el sector. Hay otro establecimiento llamado Plumier Tech en el mismo edificio, en su fachada de la calle Santa Rosalía, que comparte el mismo logotipo en su rótulo, a pesar de ser un negocio totalmente independiente. Tras algunas indagaciones, averiguamos que pertenece a un familiar de los antiguos propietarios de la Librería Plumier de la calle de La Rosa. Ahora toca averiguar la misteriosa procedencia del rótulo rescatado. A los actuales propietarios del establecimiento de la calle de La Rosa les sorprendió la existencia de más rótulos como el suyo, aunque nos informaron de que hubo un cambio de dueño y también que en otro momento la tienda tuvo otra dirección; posiblemente los rótulos de que disponemos estaban en ese local antes de la mudanza. Sea como sea, nos gustaría averiguar quién fue el rotulista que confeccionó este bello trabajo, pues deducimos que todos son del mismo autor.
Lars Peter Amundsen estuvo rápido en acudir al rescate. Es un puntal.Rótulo del establecimiento de la calle de La Rosa.La tienda Plumier Tech en la calle Santa RosalíaLos rótulos rescatados, listos para ser guardados en la Facultad de Bellas Artes.