Discos Sonora

Gracias a Lars Petter Amundsen y a la ayuda de Blanca Rodríguez de Azero hemos conseguido rescatar el rótulo de Discos Sonora, la conocida tienda que durante décadas hizo las delicias de numerosos melómanos en Santa Cruz de Tenerife. Convencido de que se trata de un establecimiento histórico, y al ver que se estaba desmantelando tras su cierre, Lars no dudó en contactar con sus propietarios Miguel y Toba para ofrecerles la conservación de su rótulo. La propuesta fue bien recibida, y ahora se encuentra a salvo, esperando una oportunidad para seguir luciéndose públicamente.

Quisimos averiguar todo lo referente a este negocio, así que aprovechamos la amabilidad y disposición de Toba para hacerle algunas preguntas.

¿Cuáles fueron los orígenes de Discos Sonora?

Inicialmente, la tienda fue fundada por tres socios: Octavio, Miguel y yo. Abrimos el 24 de Diciembre de 1992 con la intención de cubrir todos aquellos estilos musicales que otras tiendas no quisieran trabajar. Cosa que, con mucho esfuerzo, creo que conseguimos.

¿A qué se debe su nombre? Se dice que surgió de un viaje que ustedes hicieron, pero también se dice que era el nombre de una librería que hubo anteriormente en el mismo local. Si es cierto, ¿hay alguna relación, o es pura casualidad?

Lo del viaje no es correcto. Es verdad que Miguel había viajado a Nueva Orleans y quería ponerle el nombre de Tipitina. No nos pareció bien a los otros dos y nos quedamos con Sonora, al azar. En cuanto a la coincidencia del nombre con una librería situada en el mismo lugar, es cierto, pero fue casualidad. Esa librería fue muy famosa en tiempos de la dictadura; tenía una trastienda donde se conseguían muchos libros no permitidos en la época. Por aquí pasaron familiares y clientes de la librería para para agradecernos el detalle.

¿Qué razones motivaron el cierre?

A lo largo de todos estos años pasamos todas las crisis posibles. Hacia 1997 se produjo la llegada de internet y la pérdida progresiva de clientes. También en ese año Octavio dejó de ser socio. En 2008 llegó una dura y larga crisis económica. En 2020, la pandemia de la Covid; seis meses después, obras en la calle durante 15 meses. Así, llegamos a enero de 2024 con el cierre por jubilación. Relato todo esto para resaltar las dificultades que tuvimos, teniendo en cuenta que no vendíamos un producto de primera necesidad.

¿Alguna anécdota destacable?

Todo un anecdotario relacionado con nombres de artistas o títulos de discos. Profesionalmente no hacíamos burla, pero al final del día nos reíamos de esos errores que, sobre todo en Navidad, eran frecuentes. “Yeisi Disi”—escrito tal cual—, por AC/DC; “Simon & Telefunken” por Simón & Garfunkel… También la búsqueda de discos a través de sus portadas: “se ve un coche rojo” o “un edificio lleno de ventanas”, “la mujer lleva un traje de cuero”, etc.

Pese a las dificultades mencionadas, se adivina cierta pena por dejar el negocio.

Por supuesto; hemos contado con los mejores clientes, que han sido nuestro soporte y apoyo en los peores momentos. Ha sido un orgullo haber podido trabajar en este sector cultural tan bonito.

Muchas gracias por colaborar en la conservación de nuestro Patrimonio Gráfico.

Gracias a ustedes. Creo que están haciendo una labor muy importante para la historia comercial y vital de nuestras ciudades y pueblos. Eso debería hacerlo la administración, pero así nos luce el acervo a nuestras raíces…

Flanagan

En una de las paredes del establecimiento había un gran cartel con el dibujo de un vaquero escuchando música a través de unos auriculares. “El personaje fue ideado para evitar que se nos identificara con una tienda sólo de música latina, de ahí el vaquero con los cascos, que pasó a formar parte de nuestro logotipo. Entre nosotros lo llamábamos Flanagan.”, dice Toba.

El vaquero se hizo muy popular y se convirtió en todo un símbolo. A pesar de que numerosos clientes manifestaron su interés por quedarse con él, Toba conservará el cartel de metacrilato con todo el cariño. ¿Qué mejor recuerdo de todos los años dedicados a la tienda de discos en el número 77 de la calle Imeldo Serís de Santa Cruz de Tenerife?

La Det Swinge, un rótulo vikingo

Ha llegado hasta nuestra asociación este curioso rótulo, representativo de un tipo de establecimiento abundante en nuestras islas, que pretende que determinados visitantes se sientan como en casa. 

Aunque el rótulo explicita que es un Norske Baren (Bar Noruego), las banderas y el personaje representado permiten que lo consideremos más bien un bar escandinavo, o ”bar vikingo». 

El establecimiento estuvo en el núcleo turístico de Bahía Feliz, en el sur de Gran Canaria. Muchas gracias a Noelia Díaz y a Salvador de P4 Lounge Bar, por su donación.

La Det Swinge, que podría traducirse al español como «Déjalo hacer swing» o «Déjalo bailar swing», es el título de la canción compuesta por Rolf Løvland e interpretada en noruego por el dúo femenino Bobbysocks. Esta canción fue la ganadora en el Festival de la Canción de Eurovisión 1985 representando a Noruega.

La canción es un tributo a la época en la que se solía bailar escuchando rock’n’roll en la radio. En consonancia, la canción tiene un estilo voluntariamente pasado de moda, con una melodía de saxofón que marca el estribillo. Los arreglos de la melodía están hechos en estilo retro, combinando elementos de la música contemporánea de los años 80 con otros de los años 50.

El Chistera de Manolo Vieira

Tras más de 40 años desde su inauguración, el 9 de febrero de 1984, el pub teatro Chiste-ra del recientemente fallecido humorista Manolo Vieira acabó su singladura convertido en la meca del humor en Canarias. La sala de fiestas en la calle Juan Manuel Durán de Las Palmas de Gran Canaria fue el segundo local con este nombre, pues hubo un primero situado en el 108 de Bernardo de la Torre, que se vio obligado a cerrar en noviembre de 1985 por una denuncia. El nuevo Chistera abrió sus puertas el 23 de noviembre de 1988, con la presencia de José Vicente León, alcalde de la capital, y con un  cartel de artistas como el cantante José Luis y el humorista Jaime Marrero. La obra del nuevo espacio corrió a cargo del ingeniero Juan Armas y la decoración fue obra de Joserromán. Con un aforo de 250 personas, la sala fue todo un éxito, llenando todos los días, de lunes a lunes. Y así es como la semilla del éxito cosechado en su primera etapa germinó. Hasta el día triste de su cierre, con la última actuación del isletero, aquellas paredes notaron el calor de su público. Vieira falleció tan solo un día antes del 39 aniversario de su sala.

Fueron las hijas y los socios de Manolo quienes contactaron con Insula Signa, al conocer la labor que realizamos. El local estaba en alquiler y terminaba el contrato, por lo que tocó desmantelar la sala, así que les pareció buena idea que el rótulo lo conserváramos nosotros. Siempre les estaremos agradecidos.

Proceso de restauración

Cuando lo descolgamos del muro donde estaba ubicado, después de haber permanecido 36 años y siete meses a la intemperie y sin apenas mantenimiento, el rótulo se hallaba en un estado de avanzado deterioro. Los paneles de metacrilato con el logotipo pintado en su interior estaban agrietados, a punto de romperse, y la pintura casi totalmente desprendida. El agua de la lluvia había penetrado por las numerosas rendijas, oxidando parte de la estructura y numerosos elementos del sistema de iluminación. Desde el primer momento, nuestra intención de tratar de conservar los máximos elementos originales posibles se fue desvaneciendo.

A pesar de haber perdido casi la totalidad de pintura negra que hacía de fondo, el logotipo en vinilo dorado translúcido (que dejaba pasar la luz procedente del interior) se conservaba casi íntegramente, lo que permitió calcar el diseño a tamaño real para un posterior proceso de vectorización, corte y reposición. Esta labor fue realizada por Jaime Medina, rotulista artesanal y presidente de Insula Signa, sobre unos nuevos paneles de metacrilato transparente, pues los originales estaban inservibles.

La sustitución del vinilo se encargó a Raúl Martín, de Pintadera Digital, que posteriormente abordó junto a Jaime la reparación o sustitución del sistema eléctrico. Tras retirar toda la suciedad acumulada y limpiar superficialmente el óxido, quedó expuesto el conjunto de tubos y cableado, con un aspecto muy frágil y la sensación de una inminente desintegración en mil pedazos. Raúl, con la experiencia que dan los años de oficio, propuso enchufarlo para comprobar su improbable funcionamiento. Pues bien, ante la sorna y desconfianza de Jaime… ¡funcionó a la primera! Se encendieron los tubos fluorescentes; los siete. Para Raúl, esto significó la última broma de Manolo Vieira.

Ante la nueva perspectiva, se decidió conservar y renovar el sistema de iluminación, sustituyendo todo el cableado, los cebadores que alimentan los tubos fluorescentes y los elementos dañados. Se añadió un interruptor y se cerró la caja, añadiendo los perdidos perfiles de cierre que un día sirvieron para hacer hermética la caja de luz. Por último, se diseñó y fabricó una caja de madera para el almacenamiento y transporte del rótulo.

Completado el proceso de restauración, el rótulo se encuentra ahora en perfecto estado de revista, listo para ser transportado en condiciones y expuesto en algún lugar público cuando sea posible. Más que el rescate de un simple rótulo, se ha recuperado todo un símbolo histórico e identitario. Sin duda será una de las joyas recuperadas de nuestro patrimonio gráfico.
Como colofón, añadir un dato que nos aportó Mónica Vieira: el logotipo del Chistera fue bocetado por sus padres durante un episodio de inspiración nocturna que se prolongó hasta la madrugada. Un valor añadido.

Cartelera del Cine Morales

El Cine Morales estuvo ubicado en el nº 7 de la calle República Argentina de El Carrizal (Ingenio, Gran Canaria). Propiedad de Antonio Morales Rodríguez, fue proyectado por Antonio Cardona Aragón para un aforo de 400 butacas e inaugurado oficialmente el 5 de octubre de 1944 con la proyección de la película El capitán Cautela, de Richard Wallace, con Victor Mature y Louise Platt como protagonistas. Aunque siempre fue propiedad de la familia Morales, el cine fue gestionado por distintos empresarios hasta el 24 de junio de 2001, día en que cerró oficialmente. El edificio sigue en pie y conserva el rótulo «Cine Morales» integrado en su fachada.


El expositor de carteles tiene la misma antigüedad que el edificio. Se instalaba en algún lugar transitado del centro del municipio y frente a él se pararon durante décadas cientos de personas para conocer la programación de las películas con las que luego rieron, lloraron, soñaron y vivieron fantásticas aventuras en comunidad.

La recuperación de este objeto ha sido posible gracias a la desinteresada donación de Santiago Ramírez, miembro de la familia propietaria del inmueble.

Gracias a la inestimable colaboración de La Tiendita Canaria permitiendo su exposición pública, podemos seguir contemplando esta reliquia que forma parte de la memoria colectiva de la villa de Ingenio.

Academia Método Pitman

Elsa Rodríguez y Santiago Padilla compraron a sus antiguos dueños la academia situada en el tercer piso del número 3 de la calle X en Santa Cruz de Tenerife, junto a la céntrica y populosa Plaza Weyler, en el año 1983. Al registrarla la llamaron Método Pitman, ya que para la enseñanza de la taquigrafía usaron el sistema del inglés Isaac Pitman, un código de escritura abreviada que permite condensar palabras y frases para anotar el dictado verbal mucho más rápido que con la escritura convencional.

Preparaba fundamentalmente a secretarias, enseñando mecanografía, taquigrafía y otras materias. También formaba a contables, o contadores, que entonces se llamaban tenedores de libros. Al finalizar los cursos los alumnos y alumnas recibían un diploma que abría las puertas de muchas oficinas. Haber estudiado en las academias Pitman era una garantía de que se sabía lo necesario para trabajar en las administraciones pública y privada. En ella formaron y prepararon a muchos futuros funcionarios. También fueron Centro Colaborador Oficial del INEM

Elsa Rodríguez, asomada a la ventana y bajo el rótulo de su academia, con la Plaza Weyler al fondo.

Con la llegada de la informática, las academias que utilizaban métodos audiovisuales empezaron a tener éxito, lo que supuso el declive del negocio de Elsa y Santiago. Tras opositar y obtener la condición de funcionarios, decidieron cerrar definitivamente su academia. 

Gracias a Lars Petter Amundsen, Carlos JiménezMathias Beck y al Estudio de Arquitectura Escobedo De la Riva por su colaboración en el rescate de este rótulo.