Seguro de sol


El término «Seguro de Sol» hace referencia a una estrategia promocional creada en 2017 para atraer visitantes, particularmente aquellos preocupados por las condiciones climáticas. La iniciativa aseguraba a los turistas un mínimo de horas de sol durante su estancia, ofreciendo un compromiso consistente en garantizar que los visitantes disfrutarían de al menos tres días soleados durante una estancia mínima de una semana. En caso de no cumplirse estas condiciones meteorológicas, recibían compensaciones como excursiones gratuitas, entradas a atracciones como el Loro Parque, etc.

La idea, promovida por el Consorcio Urbanístico para la Rehabilitación de Puerto de la Cruz en colaboración con el Ayuntamiento y entidades del sector turístico, pretendía destacar el atractivo del destino y contrarrestar la percepción de que el clima en el norte de Tenerife es menos favorable que en el sur.

Por otro lado, la frase «Tenerife tiene seguro de sol» proviene de la canción «El hombre del tiempo», interpretada por el grupo Los Mismos y ganadora de la III edición del Festival de la Canción del Atlántico (1968) del Puerto de la Cruz. La letra de la canción contrasta el clima soleado de Tenerife con las condiciones meteorológicas más frías y nubladas de otras regiones de España, convirtiéndose en un himno promocional para la isla.

En la imagen, los Apartamentos Seguro de Sol Studios, Puerto de la Cruz, Tenerife.

Ernesto García triunfa en Agüimes

Por Jaime Medina

En la población de Agüimes (Gran Canaria) proliferan los bares y restaurantes cuyas fachadas muestran pinturas de escenas cotidianas que incluyen retratos de sus propietarios y clientes. No he visto tal cantidad de este tipo de reclamo en ningún otro lugar de la isla y me pregunto a qué será debido.

Quizás uno de estos locales fue pionero en algo que los demás no dudaron en imitar, o puede que todo se deba a la excelente labor comercial del artista Ernesto García, que firma la práctica totalidad de los trabajos y ha acabado convirtiendo el casco histórico del pueblo en una exposición permanente de sus obras. Enhorabuena, Ernesto.

Cuando el rotulista no te lo pone fácil

Por Ana Belén González – 11/04/2021


El rotulista, por definición, es un profesional que debe combinar lo práctico con lo estético. La funcionalidad del rótulo supone su primera obligación, sin que por ello deba renunciar a buscar la belleza o la originalidad, porque su trabajo se inserta en el espacio urbano que transitamos todos. Pero hay un segmento de rotulistas (hormas de los zapatos que son los empresarios con exceso de creatividad) que ha decidido ser un verso libre, que defienden una obra de vanguardia, rompedora y alejada de cánones. Y allá tú te las compongas para entender qué han hecho, o por qué lo han hecho así. Veamos algunos ejemplos.

El letrero de Schrödinger 

En la calle Mas de Gaminde (Las Palmas de Gran Canaria) tenemos un letrero que, desafiando a la Física pero sin poner en peligro la vida de ningún gato, es al mismo tiempo horizontal y vertical. Puede ser, me aventuro a pensar, que la farmacia en cuestión dispone de un elevado excedente de stock de productos para tratar la cervicalgia y otros dolores de cuello, y busca, de forma sutil a la vez que taimada, crear nuevos clientes. También resulta útil para aquellos a los que les dé un vahído justo a esa altura de la calle, ya que segundos antes de perder la consciencia lees «farmacia» sin problema.

La consulta sólo presencial

Este médico y su ATS quieren que pongas tu salud en sus manos, pero que vayas a la consulta directamente a verles. Nada de llamarles para hacer rico de royalties a Alexander Graham Bell. De otro modo no se explica la forma ininteligible en que está escrito el teléfono en el rótulo, del que también llama la atención ese «2º Z», porque no consigo recordar un rellano que tuviera tantas puertas como para agotar el abecedario. El horario, un tanto apretado, ya nos indica que las consultas no han de ser baratas, pues trabajando tres horas y media al día no se sostiene una consulta con dos profesionales sanitarios. Visto en la calle León y Castillo (Las Palmas de Gran Canaria).

El juzgado de paz que recicla

Valsequillo, como otros municipios de interior y de economía primordialmente agrícola, ensalza el valor de la frugalidad. «Usar y tirar» es un concepto extraño en estos lugares, con los rótulos también. Véase si no un buen ejemplo en el juzgado de paz, donde el rótulo en el que una vez se podía leer «señor juez», ahora se lee «juzgado». Se le da la vuelta, se rotula de nuevo y a tirar millas y años, que total, todo el mundo sabe dónde está el órgano jurisdiccional y para lo que sirve.

No es cirílico

En estos tiempos, los propietarios de locales se las ven y se las desean para alquilarlos, dada la mucha oferta y la poca demanda por la crisis. En la calle Pérez del Toro (Las Palmas de Gran Canaria), han querido ampliar el espectro de posibles arrendadores rotulando la fecha simultáneamente en castellano y en un cirílico que no es tal, pero que puede atraer la atención de los siempre adinerados inversores de la madre Rusia.

Los ojos en la carretera

En Mogán tenemos este rótulo, pensado para ser visto desde la playa o, los más suertudos, desde un yate, ora alquilado, ora de su propiedad. Pero no para los que lo divisen desde la carretera. Éstos, de acuerdo a la responsabilidad que conducir un vehículo supone, no deben mirar el rótulo ni mucho menos distraerse unos segundos tratando de descifrarlo. Cosa que, irónicamente, es lo que hace uno sin siquiera proponérselo al ver ese batiburrillo de letras del revés. Confiamos en una pronta intervención de la DGT para arreglar tal desaguisado.

Rótulos para los cabizbajos de la vida

Admitámoslo: no podemos ser castañuelas todos los días. Todos tenemos momentos en los que nos asalta el desasosiego, nos atenazan las preocupaciones, sentimos en nuestra espalda el peso asombroso del mundo y no nos dan las fuerzas para erguir la cabeza y mirar hacia delante. Son justo esos momentos los indicados para pasear por las calles Reyes Católicos y Mendizábal y disfrutar de estos inopinados rótulos de suelo. Porque tenemos derecho, qué diablos, a admirar estas letras tan bien talladas aun en plena bajona. Entrenemos guapamente los músculos del cuello con innumerables rotaciones para leer los rótulos del suelo mientras nos preguntamos quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos.

Placas para nada

Por Jaime Medina

Las placas conmemorativas que se instalan en lugares públicos se utilizan para asociar el lugar con una persona, evento o hecho histórico. Hay precedentes ya en las inscripciones del Antiguo Egipto, en las estelas mesopotámicas y en la época grecorromana, donde era habitual que en los monumentos se hiciera constar la fecha de construcción y el autor de los mismos. En Europa, estas placas están indirectamente relacionadas con tradiciones centenarias, como la de esculpir escudos de armas en ciertos edificios.

Las placas modernas tienen su origen en el siglo XIX, cuando en Europa se quiso dejar constancia para las generaciones futuras de la vinculación de determinados lugares con personajes, eventos, o hechos destacables. Se caracterizan por ser un elemento añadido a posteriori al elemento arquitectónico, lo que la distingue de otros elementos epigráficos que suelen tener una función principal, no accesoria. Aparte de instalaciones ocasionales en diversos lugares a comienzos del siglo XIX, la primera ciudad en formalizar la colocación de placas de una forma sistematizada fue Londres, donde la Royal Society of Arts estableció el primer plan en el mundo para la colocación de placas conmemorativas históricas, el actual sistema de placas azules. La primera se colocó en 1867 para conmemorar a Lord Byron en su lugar de nacimiento, en el 24 de Holles Street. La más antigua que se conserva conmemora a Napoleón III Bonaparte en King Street, también colocada en 1867. Desde entonces, el hábito de colocar placas conmemorativas promovidas por organizaciones públicas o privadas se extendió por todo el mundo, encargándose las entidades municipales de su gestión.

Hay en Gran Canaria, la isla en la que vivo, un gran número de estas placas conmemorativas que no conmemoran, básicamente porque NO SE PUEDEN LEER. Bien sea por errores de diseño, bien por la mala elección de materiales, o por una preocupante falta de mantenimiento, un gran número de placas muestran la más absoluta nada, o un denso jeroglífico indescifrable por cualquier ser humano a simple vista, que viene a ser lo mismo. He visto placas colocadas en lugares inverosímiles que hacen imposible su lectura, escondidas tras todo tipo de mobiliario urbano, con cables eléctricos pasando por encima, escritas con textos pequeñísimos sobre fondos irregulares o párrafos interminables sin espacios en los que descansar la vista… No me sorprenderé el día que vea una placa colocada al revés; de hecho, lo espero con resignación.

Calle Mendizábal, Las Palmas de Gran Canaria.

Así, ¿es lícito pensar que lo que realmente conmemoran esas placas inútiles es su propia instalación, fotografiada y publicitada a los cuatro vientos? En un mundo donde la comunicación forma parte de la estrategia política ¿es el rédito propagandístico obtenido por la corporación de turno al inaugurar una placa lo que verdaderamente importa cuando se decide colocarla? Es obvio que no siempre; pero la proliferación de estos casos vergonzantes evidencian una hipocresía colectiva mal disimulada, cuando no una falta de respeto hacia el hecho histórico o a la persona a quien se pretende homenajear. En concreto, cuando el hecho de que una placa es ilegible se pone de manifiesto en el mismo acto de inauguración; todos lo advierten, pero nadie dice nada y la escenografía se completa con aplausos. Estaría muy bien que, por una vez, en un acto de inauguración de alguna de estas placas, alguien levantara la mano, interrumpiera el discurso y preguntara: ¿Pero qué narices pone?


Instalar una placa en la casa de D. Juan Melián Alvarado, nombrado hijo predilecto y bienhechor de la villa de Agüimes, es un bonito gesto de reconocimiento. Hacer pasar el tendido eléctrico por delante de ella hasta casi taparla es un acto de desprecio y una enorme falta de respeto.

Quien decidió colocar esta placa, pensó que debía estar a la altura de un personaje tan importante como Néstor Martín Fernández de la Torre. Y, efectivamente, está a tal altura, que nadie puede leerla. C/ Bravo Murillo, Las Palmas de Gran Canaria.
C/ Herrería, Las Palmas de Gran Canaria.
Plaza Cairasco, Las Palmas de Gran Canaria.

Malditas tildes

Podría empezar este artículo diciendo algo tan bonito y políticamente correcto como «los rotulistas y diseñadores españoles no tienen nada que envidiar a los ingleses y americanos», pero no sería verdad. Sí hay algo: los anglosajones no han de lidiar con las malditas tildes. Su existencia no solo eleva el riesgo de incumplir las reglas ortográficas, sino que supone el engorro de tener que encajarlas en diseños y composiciones. Nada como una inoportuna tilde para fastidiar un interlineado, un equilibrio, una simetría.

Los diseñadores gráficos especialistas en imagen corporativa saben de qué hablo. Cuando se enfrentan al diseño de logotipos, una tilde puede convertirse en un molesto ruido visual y condicionar un trabajo en su totalidad, obligándoles a buscar soluciones alternativas o, en el peor y más común de los casos, a rendirse y prescindir de ella.

«Las mayúsculas no se acentúan»: un mito.

A esto viene a sumarse el viejo problema que venimos arrastrando con la acentuación gráfica de las letras mayúsculas. En torno a ello se ha construido el mito de que fue la misma Real Academia Española la que permitió que las mayúsculas no llevaran tilde; algo que simplemente es una leyenda urbana.

Pero… ¿cómo se construyó ese mito? Hay que remontarse al nacimiento de la imprenta, que durante mucho tiempo tuvo problemas técnicos con la composición manual a la hora de poner la tilde en las mayúsculas y capitales. Era frecuente que se rompieran los acentos de los tipos en relieve, especialmente los situados en las primeras líneas de la página. La solución fue, simplemente, no ponerlas. De hecho, el periódico El País no comenzó a usar las tildes en su cabecera hasta el año 2007. El uso generalizado de las máquinas de escribir contribuyó a consolidar la coartada. Para poner la tilde en una mayúscula había que pulsar tres teclas -mayúscula, vocal y tilde- al mismo tiempo, lo que retardaba mucho el proceso de escritura. Además, muchos modelos de máquina las solapaban con la propia letra, por lo que visualmente no quedaba clara y el texto resultaba estéticamente poco atractivo.

Real Academia Española

Las letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevarla, según las reglas de acentuación gráfica del español. La acentuación gráfica de las letras mayúsculas no es opcional, sino obligatoria, y afecta a cualquier tipo de texto. Las únicas mayúsculas que no se acentúan son las que forman parte de las siglas.

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Omitir la tilde en una palabra es un error, grave si es un nombre propio, imperdonable si lo comete una biblioteca. Agüimes, Gran Canaria.

Interesante artículo en el blog Gramática para Carmencita.

Ya sea por pereza o por comodidad, nos hemos aferrado a esa supuesta permisividad -y la hemos ampliado a cualquier ámbito- para no poner tildes a las mayúsculas, lo que propicia un sinfín de rótulos con faltas de ortografía. Comprueben durante su próximo paseo por la ciudad el alto número de letreros sin los acentos debidos y se sorprenderán del porcentaje que suponen.

Hoy en día no tenemos excusas para seguir haciendo las cosas mal. HAY QUE ACENTUAR LAS MAYÚSCULAS.

Jaime Medina