Una forma olvidada de nombrar la ciudad
En algunas calles de Canarias sobreviven unas pequeñas marcas que pueden pasar desapercibidas. Una letra, a veces acompañada de un número, aparece todavía sobre la fachada de una casa, junto a una placa de calle o en una antigua edificación. Son restos aparentemente insignificantes, pero detrás de ellos se esconde una parte de nuestra historia: hubo un tiempo en que algunas calles no tenían todavía un nombre, y eran identificadas mediante letras.
La utilización de letras para identificar calles parece estar relacionada, en buena parte de los casos, con procesos de urbanización, parcelación y crecimiento de los núcleos urbanos. Cuando se proyectaba una nueva trama de calles, las vías podían aparecer identificadas en planos y documentos como calle A, calle B, calle C… Una solución sencilla y funcional mientras se desarrollaba la urbanización y se establecía una nomenclatura definitiva. En algunos lugares aquellas denominaciones provisionales llegaron a utilizarse durante años. En otros, incluso terminaron incorporándose al uso cotidiano y administrativo.
Un caso perfectamente documentado es el barrio de La Atalaya, en Santa María de Guía. Durante años sus calles fueron conocidas como A, B, C, D, E, F, G, etc. No fue hasta el pleno municipal del 27 de abril de 1962 cuando el Ayuntamiento acordó sustituir aquellas denominaciones por nombres propios. El acuerdo explicaba que se trataba de calles «denominadas por simples letras». La transformación no fue meramente administrativa. La antigua calle A pasó a llamarse Luján Pérez; la C, Dolores Roque; y otras adoptaron nombres de personajes, lugares y países. La letra desaparecía del callejero, pero durante décadas permanecieron sus huellas.



Imágenes tomadas en Ingenio (Gran Canaria)
Cuando la letra queda en la pared
No podemos afirmar todavía que todas estas letras correspondan exactamente a antiguas denominaciones de calles. Algunas podrían identificar parcelas, bloques, fases de urbanización u otras unidades administrativas. Precisamente por eso constituyen un interesante campo de investigación. Lo que sí resulta evidente es que son marcas producidas por procesos anteriores de organización del espacio urbano y que han sobrevivido a los cambios posteriores.
En Las Palmas de Gran Canaria encontramos otro vestigio particularmente singular: una antigua placa con la letra Y, situada en una fachada del tejido histórico de la ciudad. Existen pruebas documentales de que las denominaciones alfabéticas fueron utilizadas en procesos de urbanización de la capital. Así, las letras no eran únicamente una forma informal de referirse a determinados lugares: llegaron a formar parte de la documentación administrativa y registral de la ciudad.

Las Palmas de Gran Canaria
Una placa desaparece cuando cambia el nombre de una calle. Pero en ocasiones queda una huella: una letra pintada, una pieza cerámica, una inscripción en relieve o una marca sobre la fachada. Son pequeños palimpsestos urbanos: sobre la ciudad actual todavía puede leerse, si sabemos dónde mirar, algo de la ciudad que existió antes.
Para Insula Signa, estos vestigios forman parte del patrimonio gráfico porque son manifestaciones materiales de la cultura visual y administrativa de la vida cotidiana. No fueron concebidos como obras artísticas ni como elementos patrimoniales. Su función era puramente práctica. Por ello resultan especialmente valiosos para reconstruir la historia ordinaria de nuestros pueblos y ciudades.


